Días

Tristeza
Días en los que todo me recuerda a vos.

Hay días en los que el pasado no me atormenta. Hay días en los que puedo vivir el presente, el aquí y ahora sin preocuparme por lo que pasó. Hay días en los que el futuro y el presente se unen en armonía y siento que todo lo que tengo, incluso la posibilidad de escribir, son regalos que no puedo despreciar. Hay días en los que puedo recorrer los lugares que recorrimos juntos, sin que nada me ponga triste o nostálgico. Días en los que nada puede derribarme y puedo pensar en el futuro sin preocuparme. Hoy no es uno de esos días. Hoy el pasado me asalta en cada rincón, cada paso que doy, cada palabra que escribo. Hoy no puedo olvidarte ni pensar en nadie más. Pero al no tenerte, siento como que estoy muerto, sin futuro ni presente, sin vida ni alimento. Hoy todo es pasado y recuerdos. Cosas viejas que he dejado en su lugar como para tenerte cerca. Hoy siento que debo hacer algo para crear un futuro sin vos, sin tu presencia. Afortunadamente, días como estos son cada ves menos.

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Sentimientos que azotan

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Sentir el dolor y no saber qué hacer.

Puede uno acostumbrarse al dolor, la pena, la angustia y la tristeza? Puede uno navegar años por un mar de desesperanza, luchando por cambiar eso que nos lleva a estos estados, sin ver resultados y sin caer en pozos aún mas profundos que nos lleven, tal vez, a la muerte (física o en vida, traducida en inacción, depresión e inacción)?

Hay un pozo final donde caemos, finalmente, víctimas de tantos golpes, como cae un boxeador luego de ese último golpe, que no sería el que lo tira sino fuera porque recibió cien otros antes? O podemos mantenernos de pie, o levantarnos, salvados por un “gong” o una toalla o unas palabras en el rincón?

Nos sirve el llanto eternamente? o la terapia? o el sexo? o el “shopping”? Hay que esperar? Tantas, tantas preguntas me hago en estos tiempos de dolor, de cosas que no se resuelven, de penas y llantos que me asaltan sin esperarlo, de atontamientos.

Sí sé que nada puede hacer para cambiar esa realidad que me azota, me carcome y me disuelve el corazón. Sí sé que no es mi culpa pero me afecta. Sí sé que mi energía es limitada y cuando la consumo en dolor, llanto y desesperanza, se me agota y me queda menos para la risa, la alegría y el placer. Sí sé que también mi tiempo es limitado y no puedo darme el lujo de sufrir tanto.

Pero aún sabiendo todo eso, no es suficiente. Los latigazos siguen llegando, y si no llegan, están los recuerdos, las cicatrices de esos latigazos, que los veo cada vez que me veo el espejo y me los recuerdan.

Días de dolor, de alegrías impuestas y de preguntas sin muchas respuestas…

 

 

Tristeza

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Una de los que se enriquecio a costa de la gente…una de tantos…los que causan tristeza…

Y si, la tristeza me invade otra vez. Como tantas veces que leo los diarios de Argentina, tan lejos y tan cerca a veces. Cuando leo las mentiras de los funcionarios. Anoche me llenaba de tristeza un dialogo entre Julio Barbaro, un peronista de esos que supuestamente son respetables porque conocieron a Peron y un ignoto (afortunadamente no recuerdo su nombre) que defendia al gobierno de Cristina Kirchner. Era triste escuchar al defensor del gobierno balbucear incoherencias de todo tipo, obvias, para justificar una gestion calamitosa y tal vez su sueldo. Ver los noticieros mostrando a la gente sin luz, en medio de la lluvia, tratando de comprar queso o leche sin que le alcance llena de tristeza. Mas uno se llena de tristeza cuando unos cuantos son millonarios a costa de toda esa gente. Despues de un rato, me dedique a prepararme para mi dia siguiente de trabajo, aqui en Houston, lejos de esa Argentina que entristece…

Mala tarde…

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Ahora llueve…

Y perdió el control nomas…después de meses y meses de espera, de idas y venidas, de llantos y risas, de promesas que no se cumplían y tal vez nunca se cumplirán, después de miles de intentos, de poner horarios, de comprender, de dialogar, de negociar, de contener la violencia, el dolor y las ganas de gritar. Después de horas de espera, de noches de espera y de días de espera, la paciencia se acabó. Y sí que intentó todo. Le compró cosas, le aguantó cosas, le pidió cosas de buenas maneras, miró para otro lado, disimuló, hizo la vista gorda, quedó mal con los otros hijos, quienes lo acusaban de favoritismo. Lo mandó al médico, lo trató bien e incluso, lo abrazó…

Pero hoy, esta tarde, justo cuando hacía frío y estaba nublado, cuando estaba cansado porque llegaba de trabajar, subió a la habitación, siendo las 6 de la tarde y no soportó más. Lo vió otra de tantas, tantísimas veces, dormido, con el pelo sucio, con cara de haber dormido todo el día, con el olor a hierba inundando el ambiente, con el desorden, la mugre, las cosas tiradas, los canastos llenos de basura, los cables enredados, la ropa tirada, y lo peor, la cara de “yo no fui”, de “qué pasa?” de “cual es el problema?”

Y ahi voló lo cachetada de la que después se arrepintió y lo echó, lo echó. Y ahora llora y no sabe qué hacer…

Fin de la vida…

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Una tarde como tantas…

Vemos muerte todos los días, en los diarios, en la TV, en las películas. Muertes reales, muertes irreales. Números de muerte, estadísticas, fotos de cadáveres, de asesinos y de asesinados. Distintos tipos de muerte, naturales, accidentales, ataques terroristas o en una autopista. Pero cada tanto nos toca de cerca. Así, un día, como el de ayer, ayer, un día más de tantos, algo caluroso, “parcialmente nublado”, mi amiga murió; fue muriendo de a poco, lentamente, cada día un poco más fue alejándose de esta vida, de este mundo. Ese cuerpo fue diciéndole adiós a su alma y nos fue diciendo adiós a todos. Esa belleza corporal fue desapareciendo. Esa carne fue desapareciendo. Esas fuerzas fueron muriendo. Su voz se fue apagando y un día sus ojos se cerraron. La última vez que la ví ya casi no respiraba, inconsciente, tal vez escuchando mis palabras o sintiendo mi mano tibia en la de ella, en su lecho de muerte. Quién sabe dónde estaría en ese momento y dónde esté ahora. Ya inició ese viaje misterioso a quién sabe dónde y a donde llegaremos todos, algún día…Adiós amiga…yo sigo aquí, luchando, buscando la felicidad, viviendo…espérame…ya llegaré, cuando mi cuerpo también se canse. Un día, como el de ayer, murió mi amiga. Esa tarde, la de ayer, el sol brillaba enfrente mío, las nubes, gigantes, dejaban ver sus rayos. La belleza era increíble. Era la última tarde de mi amiga Elena sobre la Tierra…