Noche Buena en Mendoza

c6911d41b9461e26c0dc87bf9607833d871f1a8e_hq

Puerta al infinito en Noche Buena…

Noche Buena alla por los 70s en Mendoza… Calor … Se tomó un micro que lo traía a su casa quién sabe de donde. Esa casa en la que no quería pasar la Navidad con un padre violento, una madre deprimida y una casa vieja, fea y sucia. Esa casa lo llenaba de dolor aunque él no lo sabía. Esa timidez, tristeza, desconfianza y falta de estima venían de eso pero él no lo sabía. El micro venía medio vacío ya que supuestamente todo el mundo estaba con o casi con su familia. Decidió seguir en el micro sin saber exactamente porqué, como tantas cosas que a veces hacía en aquellos tiempos. La vio sentada adelante suyo. Pelo corto, teñido, calculaba que unos casi 40 años. No importaba en realidad ya que en la desesperación (que él no sabía que sentía) daba lo mismo cualquier cosa que lo llevara a quién sabe dónde. Y finalmente quedaron ellos dos. Casi las nueve o diez de la noche, aunque daba lo mismo. Ella se baja y el se baja detrás. Calle oscura, quién sabe dónde pero lejos de su casa. La sigue, transpirando, y se le para al lado y le dice algo que ya no recuerda. Ella responde. Las mentiras salen de su boca fácilmente pero son agradables, blancas, con el solo objeto de no estar solo, de sentir a alguien al lado. Siguen hablando unas cuadras oscuras hasta que ella lo invita  quedarse y pasar la Noche Buena con ella y su padre. El acepta y se queda. Ella lo presenta como un amigo y entra a esa casa vieja, tanto o mas sucia que la suya, con una mesa vieja puesta en un patio cubierto con la parra tipica de Mendoza. El hombre se ve rudo, en camiseta musculosa, algo ha tomado y su cara roja desagradable lo observa con desconfianza. Ella lo mira de reojo de tanto en tanto, cómplice. Comen algo que no recuerda en una mesa con sidra y vino tinto y pan dulce y turron baratos. Se tocan de vez en cuando, a escondidas, y la excitación, aumentada por el alcohol lo hacen sentir bien, más feliz tal vez, e imaginar cosas, mientras la mira y la ve cada vez mas bella, en ese lugar feo, viejo, sucio y alejado en quién sabe qué parte de esa Mendoza. A las doce, el hombre en camiseta va adentro y vuelve con una pistola, borracho, tirando tiros al aire con el fondo de cohetes y explosiones. Apunta al cielo y tira dos veces y luego le apunta a él…y tira…

Anuncios

Cuesta abajo

ee0fda63-54d0-4a8e-b007-521b46fbff25

Cuesta abajo, sin poder parar.

Cuesta abajo. No se siente uno cuesta abajo cuando comenzamos a buscar algo que nos haga feliz y no lo encontramos? cuando la ansiedad, la incapacidad de conseguir “eso” nos lleva a seguir buscando y no encontrando? Y no paramos, no nos detenemos a pensar y razonar y entender que lo que no tenemos hoy lo podemos tener mañana o pasado mañana. En esos momentos la necesidad nos empuja, como a un drogadicto que necesita saciar su adicción. Nada nos puede parar y más buscamos y menos encontramos y tal vez lo que encontramos no es lo que buscamos pero lo tomamos igual. Y al darnos cuenta que no es eso pero igual lo aceptamos, nos sentimos mal, degradados…cuesta abajo…rodando, ya que en esos momentos ya no somos dueños de nuestra voluntad, como piedras en una pendiente, sin saber qué encontraremos, incluso la muerte.

Pensaba eso cuando recordaba esa noche de juventud donde quería tener una chica y no pude conseguirla y luego de horas de buscar y caminar por calles ya casi desiertas, terminé metiéndome en ese lugar oscuro, barato, de música mala y mal sonido, de mal olor, de mujeres y hombres perdidos y desesperanzados. Allí la ví…la había encontrado, finalmente…sentada a un costado, rubia y sola. Me acerqué, la invité a bailar y cuando se levantó, movió lentamente el pelo que tapaba la mitad de su rostro y me miró; y esa mitad ahora libre de su cara me golpeó con su monstruosidad, sin un ojo y casi sin mejilla.  En la semi oscuridad y destellos fugaces no pude apreciar toda su deformidad. En la sorpresa, sentí pena por mí y por ella. Tal vez ese era el único lugar donde ella podía estar…y yo también. Salí, casi corriendo…cuesta abajo…

Otra vida

In-another-life

Es posible otra vida en vida o solo despues de la muerte?

Hoy me desperte mejor. Ya no me dolia el estomago y el ardor que siento desde hace un tiempo en mi cadera no me molestaba tanto. Anoche comi poco, mire Netflix y luego me fui a dormir a las doce de la noche con una pastillita que me dio un medico amigo. La vengo tomando hace tiempo y ya no se si me ayuda a dormir por lo que contiene o por la tranquilidad que me da. Mi hijo enfermo lejos con su madre. Mi otra hija de viaje. La otra visitando su madre. La soledad me acosa y algunas damas de compania van y vienen pero no llenan el vacio de mi vida. Cuando me enfermo y no tengo energias me siento mal pero la parte buena es sentirme mejor cuando pasa.

Y asi me fui a trabajar, como todos los dias, sonando con cambiar de trabajo como siempre pero volviendo a casa demasiado cansado como para ponerme a buscar. Hoy es viernes y el fin de semana asoma brillante, como un sol al amanecer. No porque hare nada en especial sino porque descansare, dormire, ordenare la casa y disfrutare mi soledad. Ire a correr seguramente a ver como sigue mi pierna. Mi gran duda es si llamare a la mujer esa con la que nos juntamos a hacer el amor los fines de semana o me encontrare con la venezolana que conoci por internet, o si simplemente charlare con algunos desconocidos en Second Life.

No tendria de que quejarme pero siento dentro de mi la urgencia de la busqueda por otra vida. Otra vida, cambio, volar, ser otro, cambiar de trabajo, de geografia y hasta de idioma. Siento esa urgencia y no la puedo canalizar, no puedo esperar, y no se por donde buscarla. Ahi tengo los numeros de una sicologa a la que nunca llamo y ahi tengo las pastillas que me dio el siquiatra que dice que estoy deprimido, pero nunca las tomo.

El lunes les cuento como me fue.

Amargura (version 1)

Image

Alla van los ejercitos indomables…llenos de amargura…y sin saberlo tal vez…

Autopista de 6 o mas carriles, autos modernos llenándola, el sol comienza a aparecer en el horizonte que nadie ve; apurados, nerviosos, con la boca pastosa algunos, con sabor a dentífrico con blanqueador otros, bebiendo su café algunos, otras maquillándose, escuchando radio con las ultimas noticias que cuentan como Obama sufre con su sitio web o como sera de frío el fin de semana. Anuncios sobre ofertas de muebles o de calzones, lo mismo da en la ciudad poderosa, pujante, nerviosa e imparable. Los millones de robots van a su trabajo, no hay paro o manifestación o tifon que pueda parar lo inevitable: llegar a la oficina a ganar ese salario que permitirá comer, pagar los “bills”, comprar esa camisa que vimos en Gap, o la ultima ps4 para nuestros hijos (y que usaremos también nosotros). Y ahí van, corriendo detrás de ese salario o de ese aumento o esa promoción que permitirá llegar mas lejos en la cadena depredadora, tal vez hasta tener subordinados que no tienen nuestra misma voluntad y capacidad y por eso merecen ser subordinados. Allí van, los ejércitos indomables, a la batalla diaria.  Por ahí, una cara humana aparece caminando y cruzando un semáforo quien sabe yendo a donde y porque, por ahí un auto parado y chocado y un policía llegando, a quien le importa, el show debe seguir. En una de esas autopistas llenas el reloj muestra las 6:58 en un honda civic. Adentro un señor de bigotes piensa en sus hijos, en su esposa, mientras espera en el semáforo que cruza por enésima vez en diez años hacia el mismo lugar de siempre, a hacer lo mismo de siempre, feliz por no estar enfermo a pesar de sus casi 60, pensando que la jubilación esta cerca, que no esta mal de salud, que llega la Navidad y podrá irse unos días a pasear fuera del país.  Pensando que tal vez habría que ir a la Universidad y hacer ese curso de negocios que mi jefe dice que es bueno para subir en la empresa. A lo lejos, el sueño de los 70s de cambiar el mundo ya termino. A lo lejos el trabajo ideal quedo olvidado, tapado por la urgencia y la necesidad. A lo lejos, la juventud quedo pero se dice a si mismo: hay otros que están peor, allá en el Tercer Mundo, sin ni siquiera para comer. Pero, por alguna extraña razon no es suficiente para hacerlo feliz, arranca en el semáforo y siente su ser lleno de una gran amargura…