El peso del pasado

El pasado nos persigue. Como personas y como paises. Nuestra memoria esta llena de historias, vivencias, hechos y filosofias;pecados y grandeza. Mas o menos, llevamos la vida como podemos, luchando entre los desesos egoistas y los actos altruistas. Nos sentimos mas o menos satisfechos. Nos miramos al espejo y vemos al verdadero yo. Mas viejo, mas sabio, mas sufrido, mas “vivido”. El pasado, aunque pasado y abandonado, sigue alli, poblando nuestra mente de fantasmas y recuerdos y pesadillas.

Por mas que decimos siempre: hoy es un nuevo dia, “lo pasado pisado”, “empezar de nuevo”, y tantas otras pavadas por el estilo, lo concreto es que el pasado nos habita, nos controla, vive en nosotros, como las arrugas de los a;os y los achaques del cuerpo no nos abandonan por mas que nos hagamos cirugias o no quieramos verlos. Si esas arrugas no se van, como se podrian ir los recuerdos y vivencias?

Asi, ese pasado, a veces se transforma en algo tan pesado que hasta nos arrastra hacia el, como una pesa lleva un cuerpo al fondo del mar, como en esas ejecuciones de pelicula desde barcos piratas. Esa bola de cemento maldita nos empuja al fondo del abismo y por mas que hagamos fuerza, nos lleva, imparable.

Que otra cosa es el amor, sino pasado? Que otra cosa el dolor, sino pasado? Que otra cosa el temor, sino pasado? Que otra cosa, en fin, la vida, sino pasado? Como amar sin historia? como sufrir, sin hechos que ocurrieron? como vivir con miedo, sin pesadillas ocurridas?

Negar el pasado es como estar muerto, como no ser ya que nuestro pasado es todo. Hoy decido recibir mi pasado, llenarme de el, hundirme sin resistencia con ese peso maldito y dejarme arrastrar.

Y asi como yo, nuestro pais, la Argentina, esclava de su pasado, no puede arrancar, a menos que acepte ese pasado pecaminoso, horrible, violento, y grandioso.

Ahora si. Ahora, sin futuro, ni presente, soy yo. El que fui, el que he sido. Ysiempre sere.

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Libros

El pasado acecha en cualquier lugar...

Me pongo a mirar libros que tengo guardados en unos estantes. Tengo muchos libros, de años de haber ido comprando durante la vida, o de haber recibido como regalos o alguno prestado que nunca volvio a su dueño. Encuentro uno viejo de Roberto Arlt, Novelas completas y cuentos, tomo I. Lo hojeo. Y comienzo a vivir pedazos de otras vidas y de mi vida pasada. Una foto mía de cuanto terminaba el colegio. Otra pagina, otra foto parecida, algo descolorida y ajada. Miro buscando una fecha en el reverso. Solo una impresión vaga de ciertos números que seguro significarían algo para quien reveló el rollo (aquellos rollos de 35 mm que ya sólo son una antigüedad). Sigo hojeando, una lista de cosas para hacer, de cosas relacionadas a la preparación de una reunión: comprar algo, invitar a quien?, pasar a buscar a alguien… Del otro lado, un mensaje que dejé para alguien, unas visitas,”pónganse cómodos, hay comida en la heladera, volvemos mas tarde, despierten a tal, etc”.
En unos segundos, mi mente recorre años hacia atrás, el pasado revive, sale del cajón en que esta guardado en mi mente; como un poderoso “google”, mi mente busca y recorre hasta llegar a algún año remoto. Un mes, un día, estampado en esa nota, o mejor dicho, en el papel de esa nota, chiquitito, en un rincón, “3 de octubre de 1976”, impreso en una tinta ya borrosa. Quién sabe porqué ese papel fue a parar a ese libro y no a la basura como tantos otros papeles y notas útiles un día y ya basura a la noche. Seguramente fue puesto allí porque había una lista importante para esa reunión de la que no recuerdo nada. Por un momento, siento que el pasado existe, aunque sea pasado. No se qué extraña sensación me invade que me lleva a escribir esto. Algo así como la idea de que he vivido, de que soy la suma de todos esos años, de ese tiempo, de tantos tiempos acumulados, olvidados o recordados, que vuelven a veces en sueños o en olores o en películas o en sonrisas de personas amadas o queridas o no tan queridas o amadas. Siento que soy, en ese momento, presente y pasado al mismo tiempo. Poseo lo que soy y lo que fui o era. O el pasado me posee a mí, me hace volver, sin que yo lo quiera. De repente, por alguna razón, mis manos fueron a ese libro, lo abrieron y el pasado salió, como un fantasma, otra vez, una vez más, como esos sueños o pesadillas que nos asaltan sin que nosotros lo deseemos.
En cualquier caso, siento que ya no soy ese que escribió la nota o el de la foto. Soy otro, soy alguien que cambió, cambió mi letra y cambiaron mis ideas, mi vida y los que están en mi vida ya no son aquellos que estaban en ese tiempo, o casi no están. Algunos no habían nacido, otros han muerto, otros ya no están cerca. Yo soy el mismo, pero todo lo demás es distinto.
Ahora lo veo claro, ese pasado se resiste a ser pasado. Por más que debe morir y dejar de existir, como un fantasma, rechazado, triste y algo vengativo, vuelve, vuelve a intentar llevarme de nuevo a ese tiempo, joven, distinto, mejor?, peor?, trágico (porque murió) e inmaduro. Intenta hacerme suyo de nuevo, negarme que he crecido y envejecido. No quiere morir y lo entiendo. Nadie quiere morir, ni siquiera el pasado.
Pero no puedo darme el lujo de dejarlo vivir por mucho tiempo, al menos en mí. Debe volver a lo que es, algo olvidado que ya no existe mas, o a vivir donde vive el pasado, quién sabe dónde…
Cierro el libro, lo guardo intacto. Pero no tiro ni el papel ni las fotos. Quedan ahí, donde alguna vez los puse, en las mismas páginas. El pasado queda ahí, donde estaba, ya que no quiero molestarlo.