Sentimientos que azotan

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Sentir el dolor y no saber qué hacer.

Puede uno acostumbrarse al dolor, la pena, la angustia y la tristeza? Puede uno navegar años por un mar de desesperanza, luchando por cambiar eso que nos lleva a estos estados, sin ver resultados y sin caer en pozos aún mas profundos que nos lleven, tal vez, a la muerte (física o en vida, traducida en inacción, depresión e inacción)?

Hay un pozo final donde caemos, finalmente, víctimas de tantos golpes, como cae un boxeador luego de ese último golpe, que no sería el que lo tira sino fuera porque recibió cien otros antes? O podemos mantenernos de pie, o levantarnos, salvados por un “gong” o una toalla o unas palabras en el rincón?

Nos sirve el llanto eternamente? o la terapia? o el sexo? o el “shopping”? Hay que esperar? Tantas, tantas preguntas me hago en estos tiempos de dolor, de cosas que no se resuelven, de penas y llantos que me asaltan sin esperarlo, de atontamientos.

Sí sé que nada puede hacer para cambiar esa realidad que me azota, me carcome y me disuelve el corazón. Sí sé que no es mi culpa pero me afecta. Sí sé que mi energía es limitada y cuando la consumo en dolor, llanto y desesperanza, se me agota y me queda menos para la risa, la alegría y el placer. Sí sé que también mi tiempo es limitado y no puedo darme el lujo de sufrir tanto.

Pero aún sabiendo todo eso, no es suficiente. Los latigazos siguen llegando, y si no llegan, están los recuerdos, las cicatrices de esos latigazos, que los veo cada vez que me veo el espejo y me los recuerdan.

Días de dolor, de alegrías impuestas y de preguntas sin muchas respuestas…

 

 

Eternidad…

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La vida se impone a pesar de la muerte…

Hoy amanecio lluvioso, humedo. Mire mi jardin y hay hongos por todas partes. La vida se impone, llena de energia, a pesar de todo, de las guerras, del apesadumbramiento, la depresion, la violencia y la decadencia generalizada. Nos queda esa vida todavia, esas flores que estallan en los capullos en la primavera o los hongos creciendo con tanta lluvia. El sol, finalmente, imponente, iluminando todo el orbe, imposible de parar. Recuerdo a Joyce, cuando escribia sobre el sol saliendo en esos callejones llenos de restos de borracheras, peleas y suciedad, purificando. Recuerdo a Sabato, en su vejez, recordandonos como la vida sigue, con esos pajaros que cantan, amanecer tras amanecer, por la eternidad, la purificacion nunca termina…

El suicida

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Ultimo recuerdo…

Noche de lluvia…llovio todo el dia…el gris inundo todo y apenas se podia ver…sobrevivio hasta la noche…se levanto como pudo a eso de las 3 de la tarde despues de una mala noche y de luchar (con su conciencia) hasta dormirse. El sueño llegó finalmente, a protegerlo de sus fantasmas y dolores…así llegaba siempre últimamente, como un regalo…como un ángel salvador…se acurrucaba en la cama, casi en posición fetal…y lo esperaba…sabía que los sueños que traía el dormir lo liberarían, por el tiempo eterno que duran, de esa realidad que ya no soportaba. Se podía estar preso sin estar en la cárcel? por supuesto que sí…lo sabía, lo sentía cada día. Ya eran las doce…salió a caminar en la lluvia…sintió las miles de gotas pequeñitas en su cara y golpeando…sería esa la última lluvia que sentiría? que tal si la muerte fuera como un largo sueño? una eterna liberación en la que soñaría por toda la eternidad…sin despertarse? Muchas veces había pensado que sería como ver una película…se vería tirado ahí, sin vida, rodeado por los posibles testigos o familiares…su esposa…sus hijos…llorando…soportaría ese sufrimiento? ver eso sin poder hacer nada? No podía ser eso…eso sería como otra vida igual que esta…Y si fuera la nada y nada más que eso? una nada eterna, imposible de pensar…una oscuridad eterna sin siquiera alguien que lo pensara…un simple volver a la nada de la que había venido por un capricho del destino o de las infinitas combinaciones el universo…eso era más posible y probable…lo del paraíso eterno ya lo había descartado simplemente porque no lo merecería de existir…y la existencia de un infierno de eterno sufrimiento no cabía en su cabeza racional, además no había sido tan malo para merecerlo…en todo caso, que sentido tendría…los pensamientos se interrumpieron por ese dolor en el pecho que sentía cuando la angustia lo tomaba y buscaba aniquilarlo…el cuerpo no le obedecía y se debilitaba…podía pasar horas y horas encerrado…sin moverse…angustiado. Esa inmovilidad y falta de energía lo había salvado varias veces ya que ni siquiera sentía el impulso de tomar muchas más de esas pastillas que le habían recetado por simple pereza y tal vez por esas mismas pastillas…la lluvia ya lo había empapado y le chorreaba en la cara…y esas lágrimas suyas se confundían con la lluvia…caminó y llego a ese lago que tantas veces visitaba…pequeño… con una fuente en el centro…alcanzó a divisar esos patos que veía de día a un costado…sintió como que lo miraban cuando comenzó a caminar por el costado…sintió que sus pies se mojaban aún más enterrados en el barro…sintió el agua hasta sus tobillos…fría…el barro blando y pegajoso que no le dejaba casi caminar…sintió que alguien lo miraba pero no había nadie…nadie para salvarlo…el mundo seguía en su eterna competencia de “winners” y “losers” y con los millones de muertos que dejaba la lucha…y sintió que el mundo seguiría después de su muerte, que el sol saldría al otro día (domingo) y que el lunes millones y millones seguirían yendo a trabajar a sus trabajos sin sentido y muriendo y naciendo en ese mundo sin sentido…y decidió que ya no quería pensar más…

Fin de la vida…

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Una tarde como tantas…

Vemos muerte todos los días, en los diarios, en la TV, en las películas. Muertes reales, muertes irreales. Números de muerte, estadísticas, fotos de cadáveres, de asesinos y de asesinados. Distintos tipos de muerte, naturales, accidentales, ataques terroristas o en una autopista. Pero cada tanto nos toca de cerca. Así, un día, como el de ayer, ayer, un día más de tantos, algo caluroso, “parcialmente nublado”, mi amiga murió; fue muriendo de a poco, lentamente, cada día un poco más fue alejándose de esta vida, de este mundo. Ese cuerpo fue diciéndole adiós a su alma y nos fue diciendo adiós a todos. Esa belleza corporal fue desapareciendo. Esa carne fue desapareciendo. Esas fuerzas fueron muriendo. Su voz se fue apagando y un día sus ojos se cerraron. La última vez que la ví ya casi no respiraba, inconsciente, tal vez escuchando mis palabras o sintiendo mi mano tibia en la de ella, en su lecho de muerte. Quién sabe dónde estaría en ese momento y dónde esté ahora. Ya inició ese viaje misterioso a quién sabe dónde y a donde llegaremos todos, algún día…Adiós amiga…yo sigo aquí, luchando, buscando la felicidad, viviendo…espérame…ya llegaré, cuando mi cuerpo también se canse. Un día, como el de ayer, murió mi amiga. Esa tarde, la de ayer, el sol brillaba enfrente mío, las nubes, gigantes, dejaban ver sus rayos. La belleza era increíble. Era la última tarde de mi amiga Elena sobre la Tierra…