Volver…

No-hay-retorno-01

Vuelta al pago…

Y ya me voy a Argentina. En unos dias mas, inicio la marcha hacia el lugar de donde vengo. En unos días mas, me pongo en guardia, dejo de lado la tranquilidad de caminar por la calle o los lugares mirando de reojo por si alguien se acerca, de dejar mi auto abierto o mi casa abierta, dejo por un tiempo mi casa sin rejas y sin cerca, el “excuse me” o el “ooops” cuando me cruzo con alguien, dejo por un tiempo los autos nuevos, los supermercados llenos, atiborrados de clases de frutas, productos de todo el globo y tecnología de punta al alcance de la mano, dejo de lado el “paraíso” por el cual miles mueren intentando cruzar el Rio Grande. Por un mes, comenzare a escuchar mi idioma en todas partes, me trenzare seguramente en discusiones sobre EEUU, el imperialismo, la libertad o el rol del Estado. Comere carne y me haré lustrar los zapatos en la calle, disfrutare de cafecitos con medialunas en la calle, del aire de la montana mendocina y de las parrilladas. Quien sabe, hasta capaz que disfruto de una final o un campeonato mundial de fútbol para Argentina en tierra argentina.

En un mes, la nostalgia y la tristeza volverán a invadirme cuando atterrice el avion en El Plumerillo y vuelva a recorrer esas calles llenas de perros callejeros, ranchos derruidos y gente mal vestida, producto de décadas de corrupción política y pobreza.

Seguro me tomare un micro para recorrer los suburbios y confirmar la decadencia económica perenne. También recorrere librerías y negocios, bajo la atenta mirada de empleados acostumbrados a los robos y rateros. Volvere a caminar por las calles mendocinas, esquivando autos en la calle que, implacablemente, cazan peatones en las esquinas. Y subiré a taxis que correrán alocadamente por las calles, pasando semáforos, insultando peatones y enojándose porque no tengo cambio. Seguramente visitare la Galeria Tonsa para cambiar mis dolares valiosos que me permitirán tener la comodidad de consumir lo que quiera sin preocuparme por el poder adquisitivo y me encontrare con amigos que no veo hace mucho tiempo, mas avejentados y seguramente mas locos. Tambien visitare medicos y dentistas, que cobran mas barato y son mas humanos.

En unos días, comienza mi aventura sudamericana y la eterna contradicción del inmigrante me golpeara, quien sabe, ojala, mas suavemente que otras veces…

 

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Tristeza en Mendoza – Sadness in Mendoza

Todo muy lindo pero no para todos...

Se sentó en una mesa de la Peatonal de Mendoza, Garibaldi y 9 de Julio, se pidió un cafe con medialunas (le encantaban las medialunas con manteca de Bonafide), se pudo a mirar pasar la gente. Eran las once de la mañana del día martes, invierno con sol, fresquito y agradable. Busco caras conocidas entre la gente, reconoció algunas ahí y otras antes y después de ese paseo que se había prometido durante mucho tiempo, cuando pensaba en volver a su tierra, a recorrer esas calles y esquinas que ahora despertaban recuerdos que ni siquiera el sabia que tenia. Servia de mucho comparar después de tantos años los recuerdos con la nueva realidad. Reconoció la cara del que se sentó casi junto a el, en una apretada mesa del lugar, un famoso abogado del que todos decían que era un transfuga. Estaba parecido pero lógicamente mas viejo, mas flaco y mas lento. Examino las medialunas y le parecieron mas pequeñas, el jugo ya no era natural, el café no estaba tan rico. La gente se veía apretada en las calles, las calles parecían chicas, los autos muy viejos, los niños pidiendo de tanto en tanto u ofreciendo distintas cosas para obtener alguna moneda, los lustrabotas que pasaban ofreciendo: “Se lustra jefe?”, chicos puteandose y muchos, muchos turistas en todas partes, que parecía se habían apropiado de la ciudad, los únicos capaces de gastar algún dinero en los restaurantes, o comprar ropa, o viajar por la Provincia. A su manera, tambien era un turista ya que tenia dolares y podia comprar lo que quisiera. Recordó que ayer se había tomado un micro para ver los lugares alejados de la ciudad, ahí donde esta la realidad de la gente verdadera y ahí había podido comprobar con tristeza el deterioro de calles, casas y personas, perros callejeros y jóvenes caminando por las calles sin mucha esperanza en los rostros. Antes habia venido caminando desde la Galeria Tonsa hasta la Peatonal, mientras le ofrecian dolares y la gente se le tiraba literalmente encima para abrirse paso. Todo parecía igual, pero no lo estaba. Habia entrado al banco y lo miraron de arriba-abajo ya que todo el que entraba a un banco era sospechoso.  Quiso cambiar unos dolares pero vio la cola y se fue a otro lado. Pensaba que ese lugar ya no era suyo, ya solo pertenecía al recuerdo, mientras veia por ahí otra cara conocida mas arrugada. En un momento dado se sintió bien, por fin podía ser libre, por fin no tenia que estar en esa provincia buscando un trabajo o imaginando a que personaje importante ir a “chuparle las medias” para conseguir algo ya que el curriculum en Mendoza es algo totalmente inútil a menos que se tenga el “palenque ande rascarse”. Pero comenzo a sentirse triste porque ese país y esa provincia seguían un camino de deterioro social y económico y poca gente lo veía. Trato de entender quien era ahora, diez años despues y mientras pensaba en eso, se quedo mirando la carita partida por el sol y el frío de un chiquito que iba de mesa en mesa repartiendo estampitas para quien sabe quien, pensó en esos políticos que están llenos de dinero y le dieron ganas de llorar…