Condenado

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Se puede estar condenado siendo libre? Sí.

Es posible tener otra vida? Dejar todo y comenzar de nuevo? Que pasa cuando uno se ve a si mismo y siente que nada de lo que tiene o le pasa lo hace feliz? Se puede o se esta condenado a esa vida? Recuerdo que en business se llama a esa imposibilidad el “costo de cambio”: una empresa esta condenada a morir porque le resulta mas “barato” no cerrar. Yo sere eso? una empresa condenada? Y que hace la mente cuando la vida te ha condenado? Intenta refugios, pasajeros, mentales, fantasiosos. Asi, me refugio al dormir. Siento en ese momento que salgo de mi vida y vivo otra, la de los suenos. Y cada manana, trato de recordar esos suenos donde soy verdaderamente libre. Y tambien encuentro refugio en caminatas, en partidos de ajedrez o incluso atontandome en el trabajo. No hay futuro, solo este presente funesto, solido, inmutable, imposible de eliminar porque es gigante como una montana. Y la mente busca, imagina salidas, algunas graduales, otras mas bruscas. Hasta la muerte ronda la cabeza pero eso negaria la esperanza y siempre hay alguna. Vender todo, dejar todo, abandonar y dejar que la vida llegue. Asi son mis dias y asi sigo…sin saber en donde terminare.

Seguridad Jurídica o como robar legalmente…

Pregunta para la gente de Repsol, estos chicos tiene seguridad jurídica?

Las empresas, especialmente las multinacionales, o globales, las más poderosas, que manejan el mundo y a los gobiernos a su antojo, han inventado a acuñado diversos conceptos que normalmente les sirven a sus fines de acumular más y más dinero y poder. Ya, por ejemplo, Chomsky en varios de sus libros, ha mostrado tales entelequias. Pero hay una que estos días se ha puesto muy de moda que es la seguridad jurídica. Según este concepto, las empresas poderosas del mundo, que normalmente se apropian de recursos naturales o emplean mano de obra mal pagada, merecen tener seguridad de que no van a expropiarlos o cercenarles sus derechos una vez que se han instalado a hacer sus negocios. Así, por ejemplo, en estos días, la Argentina está a punto de aprobar la estatización de YPF, expropiando a REPSOL, una empresa española, para tomar el control de aquélla. En esas circunstancias, aparece la famosa seguridad jurídica según la cual estas empresas no deberían ser despojadas de la propiedad de esas empresas aunque sean estratégicas o exploten recursos naturales nacionales. Justamente estas empresas son las que nunca se preocupan de respetar la seguridad jurídica, por ejemplo, de los empleados o del recurso humano. Nunca se las ve preocupadas por defender la seguridad jurídica de la gente que trabaja, siempre combaten los sindicatos o uniones que intentan justamente darles seguridad jurídica a los empleados.

Cuando pierden el poder de esas empresas, se preocupan de la seguridad jurídica pero siempre se olvidan de la seguridad jurídica de tanta gente que pasa por ellas, que son despedidos, que cobran sueldos de hambre o que simplemente quedan en la calle. Allí no hay seguridad jurídica pero para ellos debe haberla. Son la hipocresía en acción, una vez más. En un mundo donde la vida de la gente no vale nada, donde millones cruzan fronteras, huyendo de la pobreza, para ganar un poco de pan, donde dejan la vida en desiertos y pasan a ser solo una estadística más de mortalidad de inmigrantes ilegales, estos señores no se muestran muy preocupados por la seguridad jurídica de esos pobres marginados. En un mundo manejado por estas empresas, donde ser despedido (sin seguridad jurídica) es sólo una consecuencia del funcionamiento del mercado, en un mundo donde ser pobre es lo más normal y donde los salarios son bajos y si se pierden, no importa mucho, estos señores bien vestidos, millonarios, piden seguridad jurídica.

Parece ser que la famosa seguridad jurídica es para unos pocos.  Justamente para esos cobardes que ni siquiera afrontan con valentía que su empresa ya no debe seguir ahí y debe retirarse, buscar otros rumbos y otros recursos, con mayor o menor suerte. Esos cobardes que piden seguridad jurìdica deberían aprender de tantos pobres hombres echados a la calle o muertos cruzando fronteras cuya valentía ellos no pueden siquiera llegar a entender detrás de sus lujosos escritorios…