Ser parte del bosque

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Casi logro hacerme parte del bosque encantado.

Este domingo me perdí. Me fui a uno de esos “trails” que abundan en Houston, caminos perdidos en parques llenos de mosquitos, armadillos, zorros, mapuches, ardillas, conejos y serpientes. Insectos y pajaros, plantas y arboles de todo tipo. Ramas caídas por doquier, pantanos de todo tamaño. Grandes troncos de otrora árboles. Piedras y arena mezclados con barro y pantanos en los que uno resbala y se entierra hasta los tobillos. No quise llevar teléfono. Sólo la llave de mi auto que dejé a la entrada. Fui a la entrada, en bajada, saltando riachos y charcos y gozando la tarde de 20 grados con un sol que se colaba entre los árboles. La naturaleza me golpeaba y me protegía. El aire, la soledad, mis piernas fuertes listas y ávidas por comer kilómetros. De dónde me viene ese placer infinito de perderme entre los árbolesy el bosque inexplorado, inesperado, impredecible. Un oculto deseo de perderme y no volver, de hacerme uno en ese bosque y pasar a ser una planta o un animal más? Escapar y no volver? O simplemente el gozo? mis preguntas encontrarían alguna respuesta pronto. Comencé a caminar y luego a correr. Necesitaba correr, jadear, transpirar, saltar piedras y doblarme los tobillos. Necesitaba cansarme, liberar tensiones y fuerza, cansarme, sentir mi cuerpo vivo, caliente y su sangre correr. Mi corazón latir y la inquietud de no saber cuando volvería. Y caminé y corrí. Tome senderos que se bifurcaban. Para cansado, jadeando y me estiré de muchas formas y luego decidí volver. Ensimismado en mis meditaciones, sensaciones y pensamientos perdí uno de los caminos y tomé otro, con la tarde cayendo. El camino, parecido al que usé al venir se estrechó y se empantanó. Me encontré de repente en medio de un pantano sin salida, ancho, amenazante y desierto. Ya no había gente que pasaba de tanto en tanto. Ya mi soledad en la oscuridad aumentaba. Volví sobre mis pasos. Ya habían pasado dos horas y, si todo iba bien iba a tardar mucho mas de dos horas en volver a mi auto. Caminé, apurado, volviendo, tratando de descubrir qué sendero había tomado mal y cual era el correcto. De repente, luego de haber caminado otra media hora comencé a volver y llegué a una misteriosa trifurcación. Cuál sería el camino correcto? Cual habia tomado mal? Por alguna razón tomé el del centro y, luego de una media hora, cansado ya, embarrado y algo preocupado con la noche amenazando, comencé a encontrar signos de que ese era el camino indicado, un pequeño puente me recordó haber pasado por allí. La vuelta se hizo increíblemente larga…ya de noche casi, con las luces solo de alguna nube iluminada por una Luna generosa, metiéndome en charcos y adivinando entre la oscuridad, finalmente acerté la salida y allí estaba mi auto, solo, esperándome. Mi cuerpo y huesos y músculos y mente cansados se sentaron en la comodidad del asiento. La música, el teléfono y la luz de la civilización habían llegado a rescatarme.

Mi camino y mi  deseo de formar parte de ese bosque se truncaron…

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Felicidad

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La felicidad es sólo estar…sin dolor …REAL.

Hoy manejaba a mi trabajo, como siempre, en la madrugada oscura, entre los cientos de autos y luces de la autopista, con una lluvia fina y acelerando donde podia ya que me gusta la velocidad. El viaje me lleva unos 20 minutos y, mientras escuchaba Lazarus de Bowie, salgo de la autopista tratando de pasar un camión y una camioneta de esas grua se me va a cruzar. En ese milésimo de segundo que uno toma decisiones (que pueden costar caro), acelero más y logro meterme delante sin un roce.

Aliviado, sigo saliendo y llego en 5 minutos, pensando qué otra historia hubiera sido si mi cálculo fallaba y donde estaría ahora en lugar de escribir estas tontas líneas. La sensación de alivio, casi de felicidad me invadió. Venía como cansado, apesadumbrado por mi trabajo que ya no me gusta y de repente, esa maniobra me devolvió la felicidad y las ganas de vivir. Sentí mi cuerpo, que estaba vivo, que nada me dolía y que pronto iba a estar con mis alumnos otra vez, sano y salvo.

Qué tonta es la vida…llena de momentos de felicidad e infelicidad dados o quitados por tontas cosas que nos pasan o que hacemos. Me preguntaba porqué había sentido esa felicidad y no la sentía antes y me dí cuenta que la felicidad y el alivio surgen a partir de los riesgos reales, las situaciones de real dolor y peligro que vivimos y que, cuando pasan, nos alivian el alma.

Sería algo así como un concepto negativo de la felicidad. La ausencia de peligro o dolor REAL. Recordé esa frase que dijo un médico (tal vez por ser médico), Gregorio Marañón:

“La felicidad es un sentimiento negativo: la ausencia de dolor”

Por supuesto que hay felicidades “positivas”. Pero de eso supongo escribiré después. Ojalá me dure ésta…

Cansado

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Cansado pero recuperando fuerzas para seguir creyendo en el cambio.

Estoy cansado de estar entrampado en mi trabajo, de Trump y sus justificaciones, defensores y atropellos, de la competencia, de los buenos y los malos y de los perdedores y ganadores. Estoy cansado de los lindos y los feos. Estoy cansado del egoísmo y del “ése no es mi problema”. Estoy cansado del dinero y de la violencia. Estoy cansado del amor por interés y de la mentira. Estoy cansado de buscar gente buena, que escuche y me cuente sus cosas sin miedo.

Estoy cansado de ver en los diarios gente morir por miles de motivos y de pensar que debo vivir todo lo que pueda porque me puede tocar a mí en cualquier momento. Estoy cansado de tener que planificar todo para que el futuro no me atrape desprevenido.

Estoy cansado de sonreír a mis jefes y a mis subordinados simplemente porque es lo que corresponde. Estoy cansado de no poder vivir otra vida donde la prioridad sea la generosidad, el respeto y la paz.

Estoy cansado de los políticos y de los “businessmen” que existen gracias a que hay suficientes pobres que los sostienen.

Estoy cansado de buscar el amor y sólo encontrar momentos.

Aún así, sigo viviendo, porque no me he cansado todavía de tener esperanza…

El fin

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Encerrado en su vida y mirando por la ventana…

Dia largo, ajetreado, interminable. Dia de trabajo, de viajes, de charla, de solucionar problemas. Ya venía apuntando mal la semana. Era miércoles. Tal vez el peor día. Mitad de la semana, mal dormido desde el domingo. Para peor con esa especie de alergia molesta y encima pasando los días con ansiedad y stress por los consabidos problemas que le traía trabajar con uno de sus colegas. Increíblemente, el día terminó y llegó la promesa de una noche placentera, de dormir, recuperarse y recargar pilas. Pero no llegó, discusiones en la casa, con su mujer, con uno de sus hijos, problemas y más problemas y esa sensación de que no se puede salir de lo inmediato, esa sensación del día a día que lo tenía encasillado, maniatado. La sensación de mirar por una ventana, algo inalcanzable, la paz, la tranquilidad para la sabia reflexión, la parada en el camino, el sentarse a la vera del camino y respirar, observar, mirar a los demás correr y pensar. Pero no era así, seguía encerrado en esas cuatro paredes de la rutina, el día a día y el paso del tiempo, inevitable e imposible de recuperar. Y se durmió a las 3, casi 3 y media. Y se levantó como pudo, a las 6, agotado, con las piernas que dolían y la mente que no razonaba bien. Y deseó mil veces volver a la cama y dormir, dormir, para siempre. Pero buscó esa ropa y ese pantalón, en la oscuridad para no despertar a su mujer. Con la boca pastosa y las ganas de orinar. Y ese frío horrendo de las mañanas de otoño. Y no podía abrir los ojos. Y pensó en quedarse pero sintió que no podía ese día importante, de decisiones, de competencia, de logro de objetivos y de falsedad e hipocresía para parecer exitoso y con deseos de llegar, de progresar. Y sacó fuerzas de no supo dónde. Y desayunó, se vistió, bañó y afeitó y salió. Destrozado, dormido, cansado, derrotado, sintiendo que ese era el fin, y que era horrendo…