Noche en familia

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Una noche como todas…

Su vida era totalmente normal. Papá, mamá y una hermana. Papá peluquero, jugador y mozo de una “boite” de noche; mamá ama de casa y cornuda. Escuela, buenas notas, mejor alumno. Largas siestas de no hacer ruido para que papá duerma y pueda ir a trabajar de noche y “timbear”. Si la cosa no era así, golpes y cintazos. Era era la ley…

Esa Navidad fue distinta, o no tanto…en realidad, se veía venir. Nochebuena, peleas y echada a la calle. Empezó haciendo calor, luego comenzó a llover a eso de las 11. Para las 11 y media ya papá la había echado a mamá y él, hijo mayor, no podía dejarla sola. Y se tomaron uno de los pocos micros que todavìa andaban a esa hora…el pobre tipo que le tocó trabajar esa noche los miró con algo de lástima…-Dos hasta Las Heras- dijo él, mientras mamá sollozaba. Eran los únicos en ese micro viejo y destartalado. El chofer, que seguramente quería estar en otra parte y ellos dos, solos, tristes en esa Noche Buena, mientras los cohetes comenzaban a escucharse y las cañitas voladoras se notaban a lo lejos. Y el micro siguió, y nadie subió. Y los baches los hacían saltar, pero el tomaba fuerte la mano de su madre y eso lo acompañaba… Y se bajaron en aquella parada oscura, y caminaron hasta la casa, ya abandonada, que todavía tenía un colchón y algunas cosas por ahí tiradas. En el camino, mamá se cayó. El la ayudò a levantarse y le limpió como pudo la sangre de la rodilla. Y llegaron. Y sin prender la luz se acostaron, cansados, hùmedos, agobiados, amargados. Y los cohetes y la cañitas voladoras sonaban y volaban, ignorándolos aùn más… y la Navidad llegaba. Miró a su madre y se prometió vengarse un día…Y se durmieron, en el calor agobiante que anunciaba un día caluroso. 

Malditas nubes…

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Malditas nubes…nunca vinieron…

Enero. Verano. Calor. Sol. Eran sus enemigos. Nada de vacaciones ni placer. Solo el calor, el aburrimiento y la torridez. El tiempo interminable, eterno. La mirada hacia las montañas con la esperanza de que esas nubes a lo lejos crecieran y se hicieran tormenta trayendo el refresco necesario, deseado. Pero día tras día, tarde tras tarde, esas nubes putas aparecían y se bamboleaban, lentas, ignorantes de los ojos deseosos, crueles, se rendían al sol y al calor, para el placer de otros pero no de él. Su juventud y deseos de salir, gozar, saltar sobre el agua quedaban aplastados, enjaulados. Alguna vez esas malditas nubes crecían, lenta y perezosamente, tapaban el sol y creaban un nublado perfecto. Pero nunca trajeron lluvia las malditas, para hacer esos veranos mas miserables, dolorosos y putos. Fueron varios largos veranos, horas, días, semanas, y meses perdidos de la vida, que dejaron huella, rabia, frustración, impotencia, debilidad pero también crearon resistencia, paciencia, resignación; virtudes del que aguanta, del débil, despojado o desafortunado pero que se transforman en violencia en los momentos menos indicados. Asi fueron esos veranos…dejaron su marca en esa alma sufriente, despojada y maldita. Alguna maldicion lo abrumada… alguien o algo lo habia determinado así…como alguien o algo determinan que algo saldrá bien o algo saldrá mal. Como aquella vez que osó salir un verano, conocer aquella bella rubia en ese espejo de agua, aquella única tarde, cuando ella le dijo que le gustaba y él, apesadumbrado, abrumado por tantas tardes de espera y dolor y paciencia, no dijo nada…y la dejó ir  a los brazos de aquel flaco de mierda que la besó…en medio de aquel puente…aquél día de sol…irrecuperable…

Preparado

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Preparado para lo increíble.

Hoy dormí una larga siesta. Mi cuerpo estaba extenuado, al igual que mi mente. Soñé mucho y pude recordar (aún recuerdo, lo que es raro) el sueño que tuve casi en su totalidad. Al despertar, me costaba saber dónde estaba y cuándo estaba. Esa sensación de estar despierto pero a la vez suspendido en el tiempo y el espacio. Poco a poco, recordando y repasando ese sueño, sumido en el goce de ese proceso, fui volviendo a la realidad, como quien se recupera de una borrachera. Afuera llovía y la cama resultaba el mejor lugar donde estar. De repente, veo algo cerca de la cama, algo que se había deslizado de uno de esos libros que traigo a la cama y nunca leo. Una foto, un recuerdo, caras jóvenes y lugares pasados. Me veo junto a mi esposa, alzando a mi hija recien bautizada, hace ya 28 años, bajo el sol mendocino, con el fondo de la Casa de Gobierno. Me pregunto vagamente, sin recordar, qué hacíamos allí sin encontrar la respuesta ni insistir mucho buscándola. Pienso en todas las cosas que han pasado desde ese momento y siento que si alguien se hubiera acercado a mí en ese momento y me hubiera contado brevemente sobre mi futuro, me hubiera reído de ese alguien y lo hubiera tomado como un loco. Así es la vida, una locura, una sucesión de cosas que hacemos y que nos pasan y que si supiéramos que ocurrirán probablemente nos paralizaríamos.

Debo estar preparado para lo que viene que, seguramente, sera increíble.

Patquía

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Llegada al planeta Patquia

El ómnibus llegó,como tantas otras veces, de noche. Luego de viajar en la total oscuridad, las luces fueron apareciendo, a lo lejos. Luces de un poblado fantasmal. Luces mortecinas algunas y casitas desparramadas, que iban apareciendo, de tanto en tanto, hasta que, en medio del tierral, en un gran descampado, algo que parecía una terminal, un negocio cerrado, pegado a algo asi como un comedor-bar, nos recibía. A veces había otro micro ahí parado, a veces nada. Patquía se llamaba. Un lugar fantasma que, por cosas del destino era un punto de paso de ómnibus que iban a todas partes. Un pueblo que si no fuera por esa condicion geográfica, estaría mas muerto de lo que estaba. Me bajaba, anticipando las sensaciones.  Ahí, en medio de la nada, el paisaje se formaba con algunos perros vagabundos oliendo y buscando algo para comer, luces que salían del comedor-bar que usualmente se llenaba de comensales para ver a Tinelli, único programa tal vez que llegaba por el canal de aire en un televisorcito de morondanga. El olor a fritanga y comida salía por alguna parte. Algunos jóvenes andaban por ahí tal vez entreteniéndose con los pasajeros que bajaban cada tanto de esos ómnibus. Algunos vagabundeaban tal vez esperando que alguien les diera algo. Ahí se mezclaban los lugareños, tipos de traje y corbata y mujeres con niños llorando.

Ahí yo esperaba, en ese lugar perdido, sin horario, sin tiempo, algún micro que me llevara a casa durante la noche. Con suerte hasta Mendoza, con menos suerte hasta San Juan. A veces, me quedaba en ese infinito oscuro y grotesco horas y horas. A veces, sólo minutos ya que el azaroso ir y venir de ómnibus jugaba con mi suerte. Quien no ha estado en Patquía no conoce esa sensación de infinito y eternidad, donde el tiempo está detenido. Durante dos años llegué a ese lugar, una vez por mes, y cada vez, el lugar era el mismo, sin cambios, parado. Era volver al infinito y a la nada. Mi tiempo se detenía y era el deja-vu perfecto. Las mismas luces, el mismo boliche, el mismo programa y las mismas personas, ya que las caras de los desconocidos son todas iguales.

A veces caminaba por ahí, no yéndome muy lejos ya que el micro salvador podía llegar en cualquier momento, y solo encontraba negrura y la nada. El lugar era como estar suspendido en un planeta en medio del universo. Una estación planetaria de la que sólo se podía salir en una nave espacial. Tenía la sensación de estar caminando en una esfera, en un planeta enano, parecido a aquel del Principito, ya que alejarse del boliche iluminado, me llevaba como a un precipicio.

El planeta Patquía me esperaba y las sensaciones eran intensas, profundas, inigualables. Ni Venecia ni Milan ni New York se le comparan. Patquía era única e inigualable, real, grotesca, temible y amable al mismo tiempo; verdadera. Y por todo eso, fantástica.

 

 

Nuestro yo verdadero y oculto

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Nos sacamos la máscara por muy poco tiempo…

Muchos libros que leí me enseñaron cosas, a pesar de que la experiencia es el mejor maestro. Recuerdo uno de Jose Ingenieros sobre la simulación en la lucha por la vida que leí hace tanto tiempo.  En tiempos de conexiones inalámbricas, wi-fi, instagram, You-tube, facebook y tantas otras formas de comunicarse, los espacios de sinceridad y verdad han disminuido increíblemente y viene a mi mente aquel librito sencillo pero tan acertado.

Ya sabemos que lo que vemos de lo demás es mentira, así como es mentira lo que mostramos de nosotros. Los verdaderos yos están totalmente ocultos y es difícil conocer realmente a las personas. Saludamos, sonreímos, contamos las historias o partes de las historias que queremos, mentimos a nuestros jefes y subordinados, familia y amigos. La mentira y simulación, a la manera de los camaleones y otros animales que se esconden o se confunden con lo que los rodea, son la clave de la supervivencia.

Lo único que nos queda son esos espacios de verdad, aquellos que contamos a nuestros sicólogos (en parte), o cuando las emociones fuertes nos toman. Las grandes alegrías o euforias o los grandes dolores, las reacciones violentas o emocionales. Los atisbos de realidad que mostramos o muestran las personas en esos momentos límite. Algunos ni eso muestran. Digamos que hay algo así como un 10% que puede llegarse a descubrir de los otros o, puesto de otra manera, en nuestra relación con los otros, hay un 10% del tiempo en que somos nosotros mismos y los demás son quien en realidad son.

En esos momentos mágicos, donde nos revelamos como somos y nos revelan los demás como son, podemos morir, emocionarnos, sentir el amor o el verdadero dolor, alcanzar la plenitud y la inmortalidad. Son los momentos de total integración y emoción, donde somos realmente humanos, nos damos el lujo de llorar o reir a pleno, ser débiles o fuertes, violentos o lujuriosos u honestos. Luego, durante el 90% restante volvemos a la normalidad, a trabajar, a seguir simulando para poder sobrevivir, ahora, con mayor prolijidad, con mayor profundidad, con la ayuda inmejorable de facebook, instagram, you-tube y otras yerbas, que ayudan a ocultar, tapar, disimular aún más ese yo casi inalcanzable. Ya podemos incluso crear yos alternativos y virtuales que viven en esos ciberespacios solo poblados por fotos, imágenes, movimientos y paisajes tan irreales como sus dueños.

Cómo…

 

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Cómo comenzó la tormenta?

Como comenzó todo? Cómo se fue desbarrancando todo? Cómo mi vida normal, hecha de altibajos, rutinas y proyectos, alegrías y tristezas normales, paseos de fin de semana y proyectos de futuro profesional, se fue desmoronando? Cómo el caos y el stress comenzaron a tomar mi vida, las noches se volvieron de insomnio, las reacciones comenzaron a ser violentas, los pensamientos comenzaron a ser negativos, y los ataques de pánico (que les pasaban a otros) me atacaron? Cómo comencé a pensar que me volvía loco? Cómo terminó mi paz y comenzó una vida nueva, llena de problemas, incertidumbres, pesadumbres, tristezas y depresiones? Cómo comencé a vivir el día a día, el hora a hora y cómo mi mente comenzó a vivir en modo supervivencia? Trato de recordar el momento, el primer paso, el primer episodio y todo está como en una nube, confuso. La suma de años de problemas mezcló ese pasado como un ovillo infernal donde es imposible encontrar la punta. Miro hacia atrás y, a pesar de que el grueso del huracán pasó, trato todavia de pararme entre las ruinas, los desechos y el oleaje y peligros y pestes que dejó la tormenta desatada. Tratando de recordar como comenzó todo y no puedo…tal vez estaba escrito que así pasaría. Tal vez algo que había hecho décadas antes fue el hecho desencadenante o tal vez simplemente el azar o la mala suerte y algo que no dependió de mi en absoluto. Mi mente explora el pasado. Recorro lugares fatídicos que mi hijo recorrió, abro cajones y encuentro papeles relacionados con mi hijo, veo ropas de mi hijo, papeles escritos por él, mi mente vuelve a esos momentos terribles, a veces convencida de que todo fue un sueño y en algunos momentos, una puntada terrible hiere mi corazón y el dolor se apodera de mi alma.

Felicidad

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La felicidad es sólo estar…sin dolor …REAL.

Hoy manejaba a mi trabajo, como siempre, en la madrugada oscura, entre los cientos de autos y luces de la autopista, con una lluvia fina y acelerando donde podia ya que me gusta la velocidad. El viaje me lleva unos 20 minutos y, mientras escuchaba Lazarus de Bowie, salgo de la autopista tratando de pasar un camión y una camioneta de esas grua se me va a cruzar. En ese milésimo de segundo que uno toma decisiones (que pueden costar caro), acelero más y logro meterme delante sin un roce.

Aliviado, sigo saliendo y llego en 5 minutos, pensando qué otra historia hubiera sido si mi cálculo fallaba y donde estaría ahora en lugar de escribir estas tontas líneas. La sensación de alivio, casi de felicidad me invadió. Venía como cansado, apesadumbrado por mi trabajo que ya no me gusta y de repente, esa maniobra me devolvió la felicidad y las ganas de vivir. Sentí mi cuerpo, que estaba vivo, que nada me dolía y que pronto iba a estar con mis alumnos otra vez, sano y salvo.

Qué tonta es la vida…llena de momentos de felicidad e infelicidad dados o quitados por tontas cosas que nos pasan o que hacemos. Me preguntaba porqué había sentido esa felicidad y no la sentía antes y me dí cuenta que la felicidad y el alivio surgen a partir de los riesgos reales, las situaciones de real dolor y peligro que vivimos y que, cuando pasan, nos alivian el alma.

Sería algo así como un concepto negativo de la felicidad. La ausencia de peligro o dolor REAL. Recordé esa frase que dijo un médico (tal vez por ser médico), Gregorio Marañón:

“La felicidad es un sentimiento negativo: la ausencia de dolor”

Por supuesto que hay felicidades “positivas”. Pero de eso supongo escribiré después. Ojalá me dure ésta…

Mañana

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Mañana triste.

Pasé la noche en vela…esperándolo. Se fué a eso de las diez de la noche para ir al otro día a internarse en ese centro de rehabilitación.-Ya vengo, voy a visitar a un amigo y despedirme, dijo. – No vuelvas tarde, respondí. No pude dormir, enojado, triste, burlado una vez más. Creo que dormité un poco, sobresaltado, suponiendo lo peor. A eso de las diez, pero de la mañana, apareció, como un zombie, mirada perdida, caminando como dormido, como perdido, chancleteando sus zapatos, despeinado y pasado de quién sabe qué. Se metió en el garage como si nada pasara. -Decidi volver, balbuceó. Lo llamé y lo eché. – Te esperé toda la noche le dije…andate! Y ahí nomás se fué, como tantas otras veces y como llegó, perdido. Ahí iba mi hijo, como si este mundo no fuera para él. Como un extraterrestre que no encuentra su lugar en el universo. Al verlo doblar la esquina, lloré y lloré…

Siesta en Mendoza

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Sólo esa luz me acompaña.

Siesta. Calor. Enero. Verano. Mendoza. La casa tiene dos pisos. Mi casa natal. Arriba calor; abajo, un pequeno hall de baldosas. El calor de la siesta mendocina de enero insoportable. Obligado al silencio porque mi padre duerme porque va a trabajar de noche, alli me quedo, tirado sobre la baldosa fresca, apoyando la espalda desnuda lo mas que puedo, para aplacar el calor o no sentirlo, respirando el aire encapsulado pero fresco; en la oscuridad rota solo por rayos y brillos de sol debajo de la puerta que da a la calle. Siestas eternas, sin salida, sin pileta, sin disfrute. Eternas siestas de la niñez ensimismado en mis pensamientos y no pudiendo abrir la boca. Solo me acompaña esa foto de almanaque con una morocha en bikini, una almohada por si me duermo, ruidos de algunos autos que pasan, cansados, bajo el calor. Tres de la tarde, cuatro de la tarde. Sueno con agua, con piscinas, con juegos en el agua. Pero allí estoy, condenado a mi niñez de encierro y silencio, o de gritos y violencia. Siesta en Mendoza.

Otra vida

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Es posible otra vida en vida o solo despues de la muerte?

Hoy me desperte mejor. Ya no me dolia el estomago y el ardor que siento desde hace un tiempo en mi cadera no me molestaba tanto. Anoche comi poco, mire Netflix y luego me fui a dormir a las doce de la noche con una pastillita que me dio un medico amigo. La vengo tomando hace tiempo y ya no se si me ayuda a dormir por lo que contiene o por la tranquilidad que me da. Mi hijo enfermo lejos con su madre. Mi otra hija de viaje. La otra visitando su madre. La soledad me acosa y algunas damas de compania van y vienen pero no llenan el vacio de mi vida. Cuando me enfermo y no tengo energias me siento mal pero la parte buena es sentirme mejor cuando pasa.

Y asi me fui a trabajar, como todos los dias, sonando con cambiar de trabajo como siempre pero volviendo a casa demasiado cansado como para ponerme a buscar. Hoy es viernes y el fin de semana asoma brillante, como un sol al amanecer. No porque hare nada en especial sino porque descansare, dormire, ordenare la casa y disfrutare mi soledad. Ire a correr seguramente a ver como sigue mi pierna. Mi gran duda es si llamare a la mujer esa con la que nos juntamos a hacer el amor los fines de semana o me encontrare con la venezolana que conoci por internet, o si simplemente charlare con algunos desconocidos en Second Life.

No tendria de que quejarme pero siento dentro de mi la urgencia de la busqueda por otra vida. Otra vida, cambio, volar, ser otro, cambiar de trabajo, de geografia y hasta de idioma. Siento esa urgencia y no la puedo canalizar, no puedo esperar, y no se por donde buscarla. Ahi tengo los numeros de una sicologa a la que nunca llamo y ahi tengo las pastillas que me dio el siquiatra que dice que estoy deprimido, pero nunca las tomo.

El lunes les cuento como me fue.

Better call Saul o el mito del self-made-man

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Admirable “self-made man”. 

Estoy cansado de las peliculas de Hollywood con sus lugares comunes. La lista es interminable. Los mensajes subliminales casi infinitos. Lo interesante es que nunca cambian. Pero hay uno en particular que me molesta mucho. En cualquier pelicula donde aparece una familia supuestamente responsable, siempre aparecen los padres ahorrando dinero para la educacion de sus hijos y enviarlos a las mejores universidades ya que segun la universidad donde van sera su status y dinero que ganaran. No me interesa mencionar el mensaje clasista sino el hecho de que esos hijos siempre aparecen protegidos por sus padres como si fueran estupidos incapaces de trabajar y pagarse los estudios. Esa idea de extrema proteccion para esos hijos es totalmente contradictoria con la ideologia estadounidense del “self-made man”. Implica la idea de que esos hijos son tan tontos que no podran salir adelante sin padres que ahorren dinero para ellos. Me pregunto porque. Creo que la explicacion es que para ellos la idea de ahorrar, ser buen ciudadano y pagar las cuentas es mas importante que la de ser una persona independiente y con capacidad para salir adelante. Son muy pocos los casos de peliculas donde esa idea no esta. Una que me gusto es la serie “Better call Saul” en Netflix, de Vince Gilligan. Alli el hombre ( un excelente actor de apellido Odenkirk) estudia y trabaja y logra ser abogado por si mismo e una universidad desconocida a puro esfuerzo. El personaje es retratado con toda su humanidad y fuerza, en contraposicion con su hermano que fue a una buena universidad y es funcional al sistema. Increible hallazgo, aunque por supuesto “Saul” es un poco, digamos…delincuente. No podia ser perfecto…

El tiempo no existe

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El tiempo no vale nada sin vivencias y es infinito si se llena de ellas.

Despues de dudarlo mucho vuelvo a escribir. Tal vez debería escribir algo todos los dias, aunque sea cortito. Este tiempo para mi ha sido de cambios. Es increíble como las cosas pueden permanecer estáticas durante mucho tiempo, anos y como algo importante, revolucionario, drástico, determinante, puede ocurrir en poco tiempo, minutos y cambiar todo para siempre. Eso me ha pasado a mi; algo importante, determinante, nuevo, me ha ocurrido y ya no soy el mismo de antes. Soy otro. El tiempo dejo de pasar. Me ocurrió algo, que podría sintetizarse en algunos eventos encadenados que trajeron cambio a mi vida y a mi ser.

El cambio mas importante es el cambio interior. He cambiado. Soy un hombre nuevo, hecho de mi historia pero nutrido ahora de lo que me ha pasado. El tiempo perdió sentido. Descubrí que la vida no es tiempo o, mejor, que en la vida el tiempo no es importante. La vida son vivencias, decisiones, experiencias que nos llenan o nos destruyen, pero que, al fin de cuentas, el tiempo no existe cuando vivimos realmente. El tiempo solo cuenta cuando nuestra vida esta vacia, quieta, empantanada, llena de miedos, dudas y frustraciones. Cuando no es así, somos eternos…