Cuesta abajo

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Cuesta abajo, sin poder parar.

Cuesta abajo. No se siente uno cuesta abajo cuando comenzamos a buscar algo que nos haga feliz y no lo encontramos? cuando la ansiedad, la incapacidad de conseguir “eso” nos lleva a seguir buscando y no encontrando? Y no paramos, no nos detenemos a pensar y razonar y entender que lo que no tenemos hoy lo podemos tener mañana o pasado mañana. En esos momentos la necesidad nos empuja, como a un drogadicto que necesita saciar su adicción. Nada nos puede parar y más buscamos y menos encontramos y tal vez lo que encontramos no es lo que buscamos pero lo tomamos igual. Y al darnos cuenta que no es eso pero igual lo aceptamos, nos sentimos mal, degradados…cuesta abajo…rodando, ya que en esos momentos ya no somos dueños de nuestra voluntad, como piedras en una pendiente, sin saber qué encontraremos, incluso la muerte.

Pensaba eso cuando recordaba esa noche de juventud donde quería tener una chica y no pude conseguirla y luego de horas de buscar y caminar por calles ya casi desiertas, terminé metiéndome en ese lugar oscuro, barato, de música mala y mal sonido, de mal olor, de mujeres y hombres perdidos y desesperanzados. Allí la ví…la había encontrado, finalmente…sentada a un costado, rubia y sola. Me acerqué, la invité a bailar y cuando se levantó, movió lentamente el pelo que tapaba la mitad de su rostro y me miró; y esa mitad ahora libre de su cara me golpeó con su monstruosidad, sin un ojo y casi sin mejilla.  En la semi oscuridad y destellos fugaces no pude apreciar toda su deformidad. En la sorpresa, sentí pena por mí y por ella. Tal vez ese era el único lugar donde ella podía estar…y yo también. Salí, casi corriendo…cuesta abajo…

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Pelota

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Tesoro perdido

Tarde de fútbol. Tarde de callejear. Tarde de explorar las calles de tierra con deseo infantil. Llevo la pelota abrazada contra mi cintura, como un tesoro. Corremos felices hacia la cancha de tierra, llena de piedras y de ilusiones. El sol brilla; lunes, martes, miércoles? quién sabe? Luego llegan ellos, silenciosos y desafiantes. Más grandes, más malos, más pendencieros. Uno de ellos se arroja hacia la pelota, empuja a algunos de nosotros y corre con esa pelota casi nueva que mi papá me regaló. Mi tesoro. Corre mas rápido que nosotros. Corremos aunque sabemos que si se parara no podríamos sacársela. Corremos detrás por instinto hasta que, llegando a unos edificios, este maldito la patea bien fuerte, alto y mi tesoro se pierde entre los techos infinitos. Se van, entre risas y me quedo, nos quedamos, rotos como vidrios…

Noche

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Obsesion de noche de verano.

Noche de verano. Luna llena…cortinas blancas. MI cama junto a la pared bajo la ventana. Abro lenta y esperanzadamente la cortina, tratando de robar una brisa que acaricie mi cara pero que nunca llega. El calor insoportable. Enero, febrero? quién sabe. Cómo recordarlo cuando las noches se acumulan y mezclan en la memoria de años. La quietud de la noche y el sueño que no llega a rescatarme. La luz de la luna que da aún mas calor. Vuelvo a dejar la cortina y la miro, observo, deseando. De repente, algo la levanta. Una débil fuerza de brisa se desliza hacia mi rostro.  Siento la caricia, el regalo del cielo que calma mi calor en el silencio. Unos segundos fugaces de felicidad, de alivio que luego se esfuman y se pierden. Finalmente, la cortina baja, la luz sigue ahi, el sueño salvador llega, imperceptible, y me rescata de la transpiración y el sufrimiento en algún momento que no recuerdo ya.

Siesta en Mendoza

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Sólo esa luz me acompaña.

Siesta. Calor. Enero. Verano. Mendoza. La casa tiene dos pisos. Mi casa natal. Arriba calor; abajo, un pequeno hall de baldosas. El calor de la siesta mendocina de enero insoportable. Obligado al silencio porque mi padre duerme porque va a trabajar de noche, alli me quedo, tirado sobre la baldosa fresca, apoyando la espalda desnuda lo mas que puedo, para aplacar el calor o no sentirlo, respirando el aire encapsulado pero fresco; en la oscuridad rota solo por rayos y brillos de sol debajo de la puerta que da a la calle. Siestas eternas, sin salida, sin pileta, sin disfrute. Eternas siestas de la niñez ensimismado en mis pensamientos y no pudiendo abrir la boca. Solo me acompaña esa foto de almanaque con una morocha en bikini, una almohada por si me duermo, ruidos de algunos autos que pasan, cansados, bajo el calor. Tres de la tarde, cuatro de la tarde. Sueno con agua, con piscinas, con juegos en el agua. Pero allí estoy, condenado a mi niñez de encierro y silencio, o de gritos y violencia. Siesta en Mendoza.

Viaje en el tiempo…

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Viajar en el tiempo no es imposible…

Por algun motivo, su mente volvia una y otra vez a los recuerdos de su infancia, juventud y madurez. Ya orillando los 60, su vida se sentia ya larga, sinuosa y llena de historia. Su presente ya no era tan feliz, su cuerpo ya no le respondia tan bien como antes. Por ahi se sorprendia mirandose al espejo intentando encontrar nuevas arrugas o desgastes de los golpes de la vida. No era un tema de salud. Era un tema de su mente. Salia a caminar y recordaba y recordaba…Comenzo todo una tarde. Estaba en un parque, sentado mirando unos patos en un lago de un parque…de pronto, su mente comenzo divagar recordando un partido de futbol en aquella cancha de tierra de su infancia, cayendo la tarde. Recordo el sol cayendo sobre la cordillera mendocina, a lo lejos, la noche llegando y como seguian jugando a pesar de la noche y como se llevo por delante ese poste de la cancha por la oscuridad y como quedo negro su ojo durante semanas. Cuando volvio en si, ya era de noche. La segunda vez ocurrio caminando por ese bosque al que le gustaba ir a escuchar los sonidos de pajaros y del viento. De repente, caminando, comenzo a recordarse caminando una noche por la desierta calle General Paz, a las 3 en la madrugada, con su sobretodo y algo de agua nieve y unos policias con perros acercandose, pidiendole los documentos y llevandolo a la comisaria de la calle Godoy Cruz, tenerlo incomunicado por tres dias, en un calabozo, la cicatriz y el rostro de ese hombre semidesnudo, la botella de Coca Cola cayendo en la boca de ese pobre chico al que los policias torturaban solo por placer, barriendo la comisaria con el sol de julio brillando en aquel amanecer durante la dictadura. Desperto ya casi en su casa sin saber como habia llegado. La tercera fue mas increible. Paseando por Galveston, sintiendo la humedad del aire del Caribe, se encontro en esa carpa en Mar de Ajo, el humo afuera, la invasion de mosquitos, la patota queriendo entrar y atacarnos a nosotros y a esas chicas que habiamos conocido esa noche. Pero esta vez no desperto…siguio ahi, dentro de esa carpa, escuchando los gritos de esos desaforados que querian entrar en la carpa, borrachos y llenos de bronca. Los golpes, los gritos, y el silencio…

Leyendo a Cortazar y recordando…

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Sucias o limpias, viejas o nuevas…gastaron mis zapatos…

Este poema de Cortazar me hizo emocionar y recordar Mendoza…

 

De pibes la llamamos la vedera

y a ella le gustó que la quisiéramos.

En su lomo sufrido dibujamos tantas rayuelas.

 

Después, ya más compadres, taconeando,

dimos vueltas manzana con la barra,

silbando fuerte para que la rubia

del almacén saliera a la ventana.

 

A mi me tocó un día irme muy lejos

pero no me olvidé de las vederas.

Aquí o allá las siento en los tamangos

como la fiel caricia de mi tierra.

 

Poema “Veredas de Buenos Aires” de Julio Cortázar (1914-1984)

 

 

 

El caos que en realidad es la busqueda de la paz…

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El caos que es todo lo contrario…

Dicen que uno se acostumbra a todo. Asi ocurre por ejemplo con los olores. Mientras mas tiempo pasa, cualquier olor puede pasar a ser soportable o casi inadvertido. Ocurre con lo visual. Luego de un tiempo, perdemos un poco la noción de como se ve nuestra casa o nuestra forma de peinarnos, o nuestro cuerpo. Luego de mucho tiempo, volví a la Argentina, entre otros lugares, Mendoza, mi ciudad natal y la vi, obviamente, con ojos nuevos, con ojos de recién llegado, como uno ve su casa natal después de anios de haberla dejado, o como ve a un amigo que uno no ha visto por una década. Y asi, uno ve, con ojos nuevos. cosas que otros no ven seguramente, por el acostumbramiento. Y así vi el caos de autos dando bocinazos, la prepotencia en la calle, las caras largas y preocupadas, el maltrato y desconfianza en los lugares donde iba a comprar o a pasear, la suciedad en las calles, las colas para sacar plata de un cajero o para cargar nafta, la falta de productos en los supermercados, el precio sideral de cosas que no deberían costar tanto. Eso, en la ciudad. En la periferia todo era pobreza, ranchos, casas en mal estado, perros callejeros contrastando con carteles muy bien elaborados y costosos de políticos en campana que tienen obviamente con que pagarlos. Y la gente acostumbrada a eso. Probablemente pensando que esa realidad no puede ser mejor, que ese es el mundo donde les ha tocado vivir. Como yo pensaba a veces cuando estaba allá. Que el Tercer Mundo, que la falta de recursos. Lo mas interesante es que esa falta del bienestar, de falta de lo minino indispensable para vivir con dignidad esta tan extendida que pasa a ser lo normal. Despues de tanto tiempo, me di cuenta que el plan maquiavelico y maldito de estos gobiernos de falsa democracia es justamente extender la pobreza, extender la marginalidad, extender la falta de bienestar ya que eso lleva al acostumbramiento, a pensar que la mugre es normal, que comprar un litro de leche es costoso, que comprar una camisa es algo lujoso, que tener un piso donde caminar es algo ostentoso o que comer bien es algo de golosos. Asi, la proliferación de villas y ranchos es tal que, lejos el gobierno de desterrarlas, las alienta y las trata de “dignificar”, acusando a quienes las consideran sitios marginales e indignos, de retrógrados “gorilas”. Si a eso le sumamos el bombardeo constante de ideas supuestamente progresistas, que condenan el consumismo (que es condenable obviamente, pero una vez satisfechas las necesidades mínimas, no antes —ver post de Maslov en este blog) fogoneadas por ideologos que justamente son consumistas y viven en la abundancia (tal el caso del vicepresidente Boudou cuya vida es casi la de un playboy), el resultado obtenido es optimo: masas inmensas de personas que viven en la pobreza, con expectativas nulas o mínimas de desarrollo y, ademas, aqui viene lo peor, convencidas de que vivir asi es bueno o conveniente. En el mejor de los casos, estan resignadas.

A que viene todo esto? a que lei en el diario Clarin de hoy que los funcionarios kirchneristas acusan a los que saquean o se quejan por los cortes de luz de “crear una sensacion de caos”. Estimados funcionarios, el caos existe, es lo normal, es el estado de situación de la Argentina. Las protestas, los saqueos y las quejas, son simplemente estallidos mínimos, aislados de cordura, de búsqueda la justicia, de búsqueda instintiva delel bienestar y la dignidad perdidos. Justamente, como siempre, lo contrario de lo que ellos dicen.

Contrastes que llevan a la libertad…

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No me sorprende ni debe sorprender que ocurran…

Durante mi ultima visita a Mendoza me sorprendió ver la pobreza, la marginalidad reinantes. En las afueras de la ciudad, ranchos, gente pobre mal vestida, autos viejos o casi destrozados, calles llenas de basura o de pozos. El contraste era aun mayor cuando uno observaba los carteles de los políticos postulandose a cargos bien pagos. Los carteles lucían nuevos, de buen papel, que seguramente habían costado mucho dinero que podría haberse destinado tal vez a arreglar un baño en alguna escuela rancho de tantas. El egoísmo y cinismo de esos políticos era evidente, más aún al ojo de quien, como yo, había estado varios años fuera del país. Esos contraste se veían también cuando en un paseo a la montaña que hice, llegando a Uspallata, varios chicos tiritando de frío intentaban conseguir una limosna (o robarse algo) cerca de los hoteles donde los turistas o pocos argentinos ricos lucían sus lindas camperas o 4X4 estacionadas.

Eso encontré, un país de contrastes, de pobreza y riqueza, de restaurantes lujosos y caros y gente vendiendo cositas por dos pesos en la calle. De políticos mentirosos gastando los dineros públicos en campañas (de los cuales los lujosos carteles colgados de calles deterioradas daban testimonio) mentirosas y de gente engañada y aguantando o esperando tiempos mejores.

Y me preguntaba en ese entonces, la gente no se da cuenta la clase de mentirosos que los gobierna? Y recordé mi niñez pobre en Mendoza, cuando yo era pobre y no lo sabía ya que todos éramos pobres y muchas veces nos hacían creer que no, ya se por mentiras o simplemente porque ni siquiera suponíamos o sabíamos como vivían los ricos.

Y cuando el estómago duele, cuando en el rancho hace frío, cuando ya no se puede comprar la leche, ya ni el fútbol gratis ni los discursos mentirosos ni los cuerpos desnudos de vedettes prostituidas en la tv pueden tapar la realidad.

Ahí, de repente, la presión escapa, en algún momento…

Por eso, no me sorprenden los saqueos en Argentina ni al desorden generalizado ya que cuando el pus estalla no lo hace ordenadamente…

Mendoza en ruinas…

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La Mendoza que vi, la real…no la exportacion y gozable con mis dolares…

Viaje a Mendoza hace poco y me sorprendio la pobreza. Me llamo la atencion tambien, entre otras cosas, la sensacion de que Mendoza se estaba transformando en un lugar para turistas, con acceso a mejores bienes y servicios, y con una poblacion local marginada. Eso pude comprobarlo viajando a los suburbios donde se notaba esa pobreza y postergacion, para luego ir a restaurantes de lujo solo accesibles por mi poder adquisitivo. Fue triste encontrar esa realidad, a pesar de que yo personalmente, munido de dolares pude pasarla bastante bien.

Ademas de todo eso, note, en solo un mes, como subian los precios, cuando compraba cosas a un precio al comienzo de mi estadia y luego otro hacia el final, sin contar que cuando pedia un presupuesto me aclaraban que era por 7 dias.

A que viene todo esto? pues simplemente a que veo hoy en el diario como una funcionaria del gobiermo nacional dice que “la inflacion no es un problema” o que “no existe, o a algun otro que la pobreza no existe o es casi inexistente.

La mejor manera de eliminar los problemas para un gobierno delirante e incapaz es simplemente negarlos. Es la salida mas facil ya que solo exige hablar. Ya que nada ni nadie les pide  rendicion de cuentas por su trabajo a estos funcionarios incapaces , pueden darse el lujo de mentir y tapar la realidad.

Pobreza, marginacion, funcionarios incapaces e inescrupulosos, perfil turistico de una provincia maltrecha, casi en ruinas…

Tarde de billares en Mendoza

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Tarde de billares…

Tarde calurosa en Mendoza. Calles vacías a la siesta. Urgencia de billar. Calle San Martín frente al ACA. Busco en el lugar alguien para jugar. Nadie. Pido un cafecito y me siento a mirar un partido. Muchas caras conocidas. Personajes del billar, parroquianos de casi todos los días y todas las noches. Ventiladores al mango. Otra vez los recuerdos de esa Mendoza de hace mil años me asaltan. De repente, un amigo aparece y nos ponemos a jugar “en la dos” a tres bandas. La calma se rompe. Cae un tipo al lado mío. Le decían “el burro”. Así, tirado, viene el otro y le da patadas en el suelo. Yo miro estupefacto al lado del tipo caído la pateadura. El que le pega es llamado ” el soldado”. Me mira el tipo desafiante y yo no muevo un músculo, con el taco en la mano. Todos miran sin decir ni hacer nada. Dos o tres que no se de donde salen aprovechan que el tipo para y lo agarran y tal vez me salvan a mí de que el tipo me pegue sin razón porque estaba como loco y tal vez le salvan la vida o de ir al hospital al “burro” que se levanta sangrando, con la nariz desfigurada y tajos en la frente y la nariz. El pobre tipo se tambalea y se va como puede. Yo y mi amigo seguimos jugando. Se llevan al “soldado” a quién sabe dónde. El “burro” se va como puedo con dos o tres amigotes. Afuera, la tarde arde y yo me alegro de mi suerte…

Cosas que me han robado…o que me van a robar

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Mas o menos así se veía, alguien la ha visto? volverá a mi el día del Gran Inventario?

El otro día buscaba una lapicera Parker de esas que tanto me gustaban cuando no había mucho para elegir. Por supuesto, no la encuentro. La buscaba nada mas que por el placer de encontrarla y no por que realmente la necesite para escribir. Mientras la buscaba comencé a recordar , no se porque, cosas que me habían robado en mi vida, o que había perdido. Me preguntaba donde estarian, o quien las habría robado o encontrado. Hice una lista mental: una bicicleta Ibanez que me encantaba, un reloj Citizen muy lindo, un pantalón Levi’s negro, una billetera con algo de plata y documentos, un par de Nikes, milanesas de mi heladera, plata de mis bolsillos, plata de mi banco en la época del Corralito, unas llaves de mi casa y de mi auto, un carrito de bebe de cuando mi hija era chiquita, una remera de un locker en un gimnasio, una cortadora de césped y supongo que algunas otras cosas mas. De esa lista imaginaria recordé y lo que mas me dolía recordar era la bicicleta y el reloj Citizen. La bici la había comprado juntando plata meses y meses y la disfrute poco. La deje atada una vez cerca de la Casa de Gobierno y cuando volví habían cortado la cadena y se la habían llevado, en las narices de unos policías que hacían guardia. Donde estará la bici? la usara todavía alguien? que historias habra presenciado? quien se la habra llevado? Del reloj pensé lo mismo. Era uno de esos de forma rectangular bien antiguo y con números romanos, un regalo de una chica que quería. Las mismas preguntas sin respuesta. A donde irán las cosas robadas? tendrán una categoría distinta en el Cosmos? algo así como los traidores y los honestos cuando mueren? el Gran Clasificador donde las pondrá? las recibiremos alguna vez de vuelta cuando se haga el Gran Inventario Final? Seguía pensando en eso cuando mi hija de 8 anos se acerco a mi y me pregunto: Papi, vos no te vas a morir pronto, no? Yo le dije: No, voy a vivir como 40 anos mas. Me miro con ojos que se empezaban a llenar de esas lagrimas que siempre nos salen cuando no queremos. Yo la abrace fuerte y le dije: “No te hagas problema que siempre vamos a estar juntos, simplemente porque nos amamos y cuando hay amor no hay separacion”. El abrazo duro muchísimo y me invadió una sensación mezcla de felicidad, por abrazarla, y de cierta tristeza, porque pensé que algún día me moriría y no la vería mas. Algo así como los robos en los que pensaba…

Una tarde en Las Heras hace mil años…

Calles de tierra, que no dicen nada, con fondo de montañas, recuerdos, sueños, hogar para bien o para mal...

La calle San Miguel de  Las Heras, en aquella Mendoza lejana (habra sido un sueño?), está llena de niños. Cada tanto pasaban los autos o micros (la línea 37 con esos colores rojo y blanco similares al equipo de River del que yo era hincha de chiquito) ya desde hacía bastante tiempo. A todos nos gustaba jugar en la calle o en la tierra de la calle o de las orillas. Ahi estaba la gordita hija del gerente del Banco de Mendoza, Cristina, Ricardo y su hermana Mabel que tanto me gustaba (por donde andarán?), la Betty, su hermano “el” Oscar, su papa, que manejaba un micro (Borgioli se llamaba?), Marquitos, el chico en silla de ruedas que vivía a la vuelta y que murió, Daniel, hijo del relojero que vivía a dos casas, los Domizi (que tenían mas plata) al lado, los Brizoli (todos tanos), el pibe de enfrente que a veces me invitaba a su casa y tantos, tantos otros. Y ahí estamos todos, jugando al “pisipizuela” (se escribirá así?).  Ahí estamos todos, niños otra vez y todo el futuro por delante; el sol brilla, el tiempo esta intacto, el reloj de la vida recién se ponía en marcha…Habrá sido un sueño?