Días

Tristeza
Días en los que todo me recuerda a vos.

Hay días en los que el pasado no me atormenta. Hay días en los que puedo vivir el presente, el aquí y ahora sin preocuparme por lo que pasó. Hay días en los que el futuro y el presente se unen en armonía y siento que todo lo que tengo, incluso la posibilidad de escribir, son regalos que no puedo despreciar. Hay días en los que puedo recorrer los lugares que recorrimos juntos, sin que nada me ponga triste o nostálgico. Días en los que nada puede derribarme y puedo pensar en el futuro sin preocuparme. Hoy no es uno de esos días. Hoy el pasado me asalta en cada rincón, cada paso que doy, cada palabra que escribo. Hoy no puedo olvidarte ni pensar en nadie más. Pero al no tenerte, siento como que estoy muerto, sin futuro ni presente, sin vida ni alimento. Hoy todo es pasado y recuerdos. Cosas viejas que he dejado en su lugar como para tenerte cerca. Hoy siento que debo hacer algo para crear un futuro sin vos, sin tu presencia. Afortunadamente, días como estos son cada ves menos.

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Mi mundo de fantasía

Para el blog
Te extraño

Mi vida transcurre entre dos mundos. Uno es el mundo real, donde vivo, duermo, tomo duchas, como, trabajo, pago deudas y escribo; el otro es el mundo de fantasía, donde vive alguien que quiero pero no está. En este último está mi mente, pero no mi cuerpo. El mundo real vive atravesado por ese mundo de fantasía, de afectos, de memorias y pensamientos, que aparecen de tanto en tanto y van formando parte de él, confundiéndose. Mi mundo real no existe ya que lo atravieso físicamente pero mi mente y corazón están en otra parte. Mi mundo de fantasía sí existe ya que lo pienso, lo vivo, me hace reir y llorar y no me deja dormir o me deja. Mientras duermo, mi mundo de fantasía me toma completamente y me hace soñar con él. Es ahí cuando ese mundo se hace más “real”. Mientras escribo, siento las teclas debajo de mis dedos pero mi mente tiene tu imagen, esa casa donde vivíamos, los olores y nuestras manos tomadas. Tu sonrisa y tu voz.

La hoja en la tormenta

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Tal vez la calma real nunca llegue.

En la vida voy rodando, siendo arrastrado por una corriente que me manda contra lo que sea. Soy una piedra, un palo o una hoja, tal vez un insecto muerto. Estoy completamente abandonado a la voluntad de Dios. Como alguna vez leí (en ese libro de Lin Yutang), soy sólo una hoja en la tormenta. Me llevó mucho tiempo reconocerlo y aprender a no resistirme. Es la parte más difícil, porque uno insiste en querer manejar algo incontrolable y se gastan infinitas energías inútilmente y porque, además, por ahí aparecen falsos espejismos que nos confunden.

¿Como llegó el aprendizaje? Con el sufrimiento. Por muchos años pensé que mi vida estaba totalmente manejada por mí. Y en cierta manera, era así. Hasta que comenzaron a ocurrir cosas malas, muy malas en mi vida. Antes, las cosas no eran tan malas y esas cosas “menores”, justamente, por ser de poca importancia, parecían no contradecir la regla general de que mi vida era manejada por mí. Cuando comenzaron a ocurrir las cosas malas, que realmente me dañaban, me provocaban dolores antes desconocidos, sufrimientos profundos, momentos de pánico y desesperanza, y que por más que intentaba, no podía evitarlas, descubrí que nada podía hacer, que lo que realmente podía manejar era nada, ya que todo ese poder que tenía no me servía para cambiar el destino de sufrimiento.

Entonces comencé a encontrar refugio, a aprender a vivir en la correntada; acostumbré mi cuerpo y mi mente al sufrimiento, encontré placer hasta en lo más ínfimo y que antes parecía no importante y la risa en algunos rincones insospechados. A la manera de esa hoja en la tormenta, aprendí a aferrarme a lo poco que podía, a disfrutar correntadas menores, aprendí a distinguir las malas aguas de las no tan malas. Cuando descubrí que ya no podría salir nunca de esa corriente tremenda, de esa tormenta que parecía no amainar y que sólo debía aprender a vivir en ella, mirando de reojo la orilla calma y absoluta…recién ahí comencé a entender mi vida.

Tiempos II

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Todavía hay esperanza.

Tiempos de desconcierto, miedo y exceso. De escuchar rock con auriculares, de ver películas violentas y videos en Youtube. De hacerse famoso por un minuto, or un año. De amor fácil y dinero difícil. Tiempos de relatividad. De no saber distinguir lo bueno y lo malo. De cuestionamiento y cambio. La izquierda se transformó en un pasquín siniestro poblado por farsantes. La derecha siembra violencia y desigualdad, racismo y odio. La gente se refugia en sus celulares, cines, drogas y alcohol. El anarquismo parece lo más simple. Una nueva guerra fría asoma. O se está de un lado o del otro. Aparece una nueva versión del mundo con buenos y malos.  Ignorantes y sabios.

Mientras tanto…tiempos de buscar a gritos a alguien que no quiera solo dinero o sexo. Tiempos de buscar y encontrar un simple diálogo, una comunicación con algún ser humano. Tiempo de refugios, de utopías en mentes aisladas. Tiempos de buscar fórmulas mágicas y gurúes.

Y ahí voy, como tantos otros, buscando a gritos a mi Mesías, mi gurú. O algún amor o beso que me devuelva mi sentido de ser humano. Buscando ese abrazo del niño que todavía ignora ese mundo que está y tal vez no exista cuando crezca. Ese niño todavía riendo por esa broma tonta de su padre. Me refugio en esos niños que me devuelven la esperanza. Esos niños todavía ríen…de verdad. Y me regalan su sonrisa. Gracias.

Tiempos

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Tiempos de encontrar nuevos caminos.

Otro año que se va y otro que comienza. Tiempo de balances, de reflexiones, de dietas y cambios, de resoluciones? Así dicen, pero para todo el mundo parece ser más de lo mismo. Otro año de fiestas donde la gente tapa los agujeros emocionales con compras, con alcohol o con fuegos artificiales. Tiempos de tabletas, de e-mail y de mensajes de texto. Tiempos de GPS, de HD, ISIS y CIA. Tiempos de Trump, de idealismos muertos y promesas incumplidas. Tiempos de individualismo, mentalidad empresaria, competitividad y “teamwork”. De nacionalismos, populismos, seguridad y policías en las calles.

Para mí, entonces, son tiempos para la soledad y el recogimiento. De búsqueda. De darme cuenta que viví muchas décadas y no aprendí nada, o lo que aprendí no sirvió para cambiar el mundo. Tiempos de comenzar de nuevo, en otro camino, con otras personas y en otros lugares. Tiempos de alejarme, de ignorar y de tolerar para poder vivir. Tiempos para ser otra persona, para salir de mí mismo y descubrir.

Tiempos para correr, transpirar y sentir mis músculos vivos. Para saborear un vino y caminar por el bosque. Tiempos para detenerme a mirar bien las flores, los pájaros y los árboles. Tiempos para compartir una charla y un abrazo. Tiempos para reecontrarme con los demás seres que sufren y viven todavía creyendo que un mundo mejor es posible. Quedarán todavía? Voy a salir a buscarlos, antes que sea tarde…

Sentimientos que azotan

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Sentir el dolor y no saber qué hacer.

Puede uno acostumbrarse al dolor, la pena, la angustia y la tristeza? Puede uno navegar años por un mar de desesperanza, luchando por cambiar eso que nos lleva a estos estados, sin ver resultados y sin caer en pozos aún mas profundos que nos lleven, tal vez, a la muerte (física o en vida, traducida en inacción, depresión e inacción)?

Hay un pozo final donde caemos, finalmente, víctimas de tantos golpes, como cae un boxeador luego de ese último golpe, que no sería el que lo tira sino fuera porque recibió cien otros antes? O podemos mantenernos de pie, o levantarnos, salvados por un “gong” o una toalla o unas palabras en el rincón?

Nos sirve el llanto eternamente? o la terapia? o el sexo? o el “shopping”? Hay que esperar? Tantas, tantas preguntas me hago en estos tiempos de dolor, de cosas que no se resuelven, de penas y llantos que me asaltan sin esperarlo, de atontamientos.

Sí sé que nada puede hacer para cambiar esa realidad que me azota, me carcome y me disuelve el corazón. Sí sé que no es mi culpa pero me afecta. Sí sé que mi energía es limitada y cuando la consumo en dolor, llanto y desesperanza, se me agota y me queda menos para la risa, la alegría y el placer. Sí sé que también mi tiempo es limitado y no puedo darme el lujo de sufrir tanto.

Pero aún sabiendo todo eso, no es suficiente. Los latigazos siguen llegando, y si no llegan, están los recuerdos, las cicatrices de esos latigazos, que los veo cada vez que me veo el espejo y me los recuerdan.

Días de dolor, de alegrías impuestas y de preguntas sin muchas respuestas…

 

 

El peso del pasado

El pasado nos persigue. Como personas y como paises. Nuestra memoria esta llena de historias, vivencias, hechos y filosofias;pecados y grandeza. Mas o menos, llevamos la vida como podemos, luchando entre los desesos egoistas y los actos altruistas. Nos sentimos mas o menos satisfechos. Nos miramos al espejo y vemos al verdadero yo. Mas viejo, mas sabio, mas sufrido, mas “vivido”. El pasado, aunque pasado y abandonado, sigue alli, poblando nuestra mente de fantasmas y recuerdos y pesadillas.

Por mas que decimos siempre: hoy es un nuevo dia, “lo pasado pisado”, “empezar de nuevo”, y tantas otras pavadas por el estilo, lo concreto es que el pasado nos habita, nos controla, vive en nosotros, como las arrugas de los a;os y los achaques del cuerpo no nos abandonan por mas que nos hagamos cirugias o no quieramos verlos. Si esas arrugas no se van, como se podrian ir los recuerdos y vivencias?

Asi, ese pasado, a veces se transforma en algo tan pesado que hasta nos arrastra hacia el, como una pesa lleva un cuerpo al fondo del mar, como en esas ejecuciones de pelicula desde barcos piratas. Esa bola de cemento maldita nos empuja al fondo del abismo y por mas que hagamos fuerza, nos lleva, imparable.

Que otra cosa es el amor, sino pasado? Que otra cosa el dolor, sino pasado? Que otra cosa el temor, sino pasado? Que otra cosa, en fin, la vida, sino pasado? Como amar sin historia? como sufrir, sin hechos que ocurrieron? como vivir con miedo, sin pesadillas ocurridas?

Negar el pasado es como estar muerto, como no ser ya que nuestro pasado es todo. Hoy decido recibir mi pasado, llenarme de el, hundirme sin resistencia con ese peso maldito y dejarme arrastrar.

Y asi como yo, nuestro pais, la Argentina, esclava de su pasado, no puede arrancar, a menos que acepte ese pasado pecaminoso, horrible, violento, y grandioso.

Ahora si. Ahora, sin futuro, ni presente, soy yo. El que fui, el que he sido. Ysiempre sere.

Condenado

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Se puede estar condenado siendo libre? Sí.

Es posible tener otra vida? Dejar todo y comenzar de nuevo? Que pasa cuando uno se ve a si mismo y siente que nada de lo que tiene o le pasa lo hace feliz? Se puede o se esta condenado a esa vida? Recuerdo que en business se llama a esa imposibilidad el “costo de cambio”: una empresa esta condenada a morir porque le resulta mas “barato” no cerrar. Yo sere eso? una empresa condenada? Y que hace la mente cuando la vida te ha condenado? Intenta refugios, pasajeros, mentales, fantasiosos. Asi, me refugio al dormir. Siento en ese momento que salgo de mi vida y vivo otra, la de los suenos. Y cada manana, trato de recordar esos suenos donde soy verdaderamente libre. Y tambien encuentro refugio en caminatas, en partidos de ajedrez o incluso atontandome en el trabajo. No hay futuro, solo este presente funesto, solido, inmutable, imposible de eliminar porque es gigante como una montana. Y la mente busca, imagina salidas, algunas graduales, otras mas bruscas. Hasta la muerte ronda la cabeza pero eso negaria la esperanza y siempre hay alguna. Vender todo, dejar todo, abandonar y dejar que la vida llegue. Asi son mis dias y asi sigo…sin saber en donde terminare.

Volviendo

Ave-Fénix
No he muerto todavia, pero si muero, espero volver mas fuerte.

No tengo tiempo para escribir. Por eso lo hago en twitter en cuotas. Intentare volver pero cuesta cuando hay problemas personales que lo impiden. Ojala tenga las fuerzas para superarlos y volver a ser el mismo u otro distinto pero mejor. Como cuando el Ave Fenix. revivio…