El bien y el mal, en la realidad…

El "Bien", Dios, o como quieras llamarlo no sólo se ve en este atardecer...

Si bien no voy mucho a la Iglesia y a pesar de que muchas veces he luchado consciente o inconscientemente contra los influjos de la religión católica “mamada” durante toda mi infancia, siempre he sentido respeto por muchos sacerdotes tales como aquellos que dedican o han dedicado su vida a ayudar a los más pobres o necesitados, o que han luchado por mejorar la situación social de algunos pueblos. El “bien”, la búsqueda de la verdad, el ayudar a los demás, la sinceridad, el respeto y la lucha por la dignidad de los necesitados no discrimina religiones o creencias. Está o no está, y se traduce en hechos concretos, en la acción. Se hace el bien, se ayuda, se respeta o se dice la verdad. Para eso no hace falta ir a la Universidad.

Como me gusta leer y no excluyo nada que valga la pena, ayer terminaba de leer un librito del Padre Larrañaga, un sacerdote muy claro de pensamiento y lleno de sentido común. Larrañaga dice que el bien es algo que se intuye, se nota, sin saber bien porqué, a través de las acciones de personas únicas, capaces de mostrar a Dios (en sus palabras sería ese “Bien”). Según él, algunas personas son capaces de traer a Dios a la Tierra, de mostrar su existencia, tal como cuando vemos un hermoso atardecer, o un hermoso paisaje, o el mar, o escuchamos a Brahms, o admiramos una obra de Da Vinci o de Miró. Son capaces de hacer “visible al invisible”. Me pareció sumamente interesante descubrir algo que yo pensaba, de alguna manera indefinidamente, explicado en forma tan clara.

Justamente había estado viendo días atrás una película de un artista mexicano, Alejandro Santiago, sobre sus esculturas inspiradas en los inmigrantes que habían dejado su pueblo para probar suerte en Estados Unidos. Sentí inmediatamente la conexión con la idea de Larrañaga: Santiago mostraba ese “bien”, así como tantos otros, incluídos el mismo Larrañaga.

Y también sentí cómo otros, a su manera, mostraban el “mal”, con su egoísmo, con el uso de los demás, con la mentira, con el sarcasmo o la discriminación o la violencia. Así vinieron a mi mente las imágenes de esos políticos, de cualquier nacionalidad, que mienten y usan a los demás para sus objetivos. Son el “mal”, son los que traen al Diablo a la Tierra. Así como Bush inventó las armas de destrucción masiva para invadir Irak, o esos locos Arabes derribaron unas torres en nombre de Mahoma, o así como los Kirchner se dedican a mentir y a usar los pobres o los Derechos Humanos para su provecho.

El mal y el bien, mostrados, hechos visible, traducidos a la realidad, en personas, vivientes, traídos a la Tierra…

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