La redistribución del ingreso según Cristina: zapatos de $3000 dolares para mí, lavarropas y otras cositas para los demás…

El desprecio por los demás y la maldad se han apoderado de la Argentina...

Hace un tiempo apareció en algunos diarios de Argentina que la presidente Cristina había comprado zapatos en Nueva York por miles y miles de dólares. Más allá de la veracidad puntual de la noticia, lo que sí es cierto es que Cristina, así como muchos de sus amigos o “compañeros” en su gobierno tiene gustos caros. Suele alojarse en los mejores hoteles, comprar las mejores ropas y usar los mejores zapatos. Algo así como una estrella de Hollywood del mundo subdesarrollado. Si bien gastar dinero en lujos y cosas innecesarias siempre me ha parecido banal, en este caso lo que hace ella (estando al frente de un gobierno de un país donde reina la pobreza, la marginación, el retraso y la decadencia en muchos aspectos) es doblemente criticable por varios motivos principales. Uno, que muchos de esos gastos se pagan seguramente con dineros públicos que deberían estar mejor destinados. Dos, que, como presidente debería guardar ciertas apariencias al menos de frugalidad y de humildad, especialmente en un país donde miles de niños caminan descalzos, por ejemplo. Tres, que con esas conductas frívolas, no hace mas que demostrar que su condena el sistema capitalista y al llamado Primer Mundo no pasa de ser un discurso y palabras sin contenido.

Cristina habla siempre de que su gobierno es un gobierno donde se persigue el mejoramiento de la población a través de la llamada “redistribución” del ingreso. Evidentemente su concepto de redistribución esta clarísimo: zapatos, pieles, viajes, hoteles carísimos y lujos para mí; pero para aquellos que me votan, viven en las villas, fuman paco, sobreviven con sueldos de hambre, mueren todos los días a manos de la delincuencia organizada derivada de la pobreza, lavarropas baratos, televisores plasma y, eventualmente, algunas laptops para que puedan conectarse a internet y conocer al menos virtualmente las cosas y lugares a los que ella está tan acostumbrada…

Lo peor de todo es que, detrás de toda esa conducta, y más allá de la ironía de mi comentario, se esconde el gran desprecio que esta mujer siente por aquellos pobres a los que dice representar y que le dan su voto irracional. Detrás de esas conductas se esconde también la soberbia y la impunidad del que todo lo puede y al que nada puede afectarlo, ni siquiera la pobreza o la muerte de los niños de su país.

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