Barriletes – Kites

Ese dia el barrilete no volo...

Digamos que desde chiquito me gustaron los barriletes. Ademas de las famosas batallas de cascotes o de las tardes de jugar a la pelota en alguna cancha de tierra, me gustaban los barriletes. Armarlos (con cañas que cortaba en algún zanjón) comprar el papel y el hilo y el pegamento. Indefectiblemente eran con forma de rombo, aunque algunos sofisticados los hacían de alguna otra forma.  Me fascinaba la posibilidad que tenia el barrilete de tomar altura y desafiar al viento. también me fascinaba el equilibrio de fuerzas entre el viento y yo cuya resultante era el barrilete suspendido en el aire. Algunas veces íbamos a la montaña y ahí, donde los vientos son mas fuertes y constantes, dejaba el rollo de hilo debajo de una piedra grande y me dedicaba a hacer otra cosa o simplemente a mirarlo maravillado porque no bajaba ni un centímetro. Me gustaba darle “piola” hasta que casi no lo veía. Y también muchas veces me entristeció perderlos enganchados en algún árbol inalcanzable. Tal vez la sensación de libertad del barrilete me maravilla. Tal vez, observarlo ahí suspendido, en ese movimiento constante, tal como es maravilloso ver romper las olas del mar, el correr de un rio o la lluvia caer. Tal vez esa monotonía es sedante. El asunto es que un dia aparecieron tres o cuatro vagos en una canchita donde habia estado con el barrilete y un amigo. Era unos lustrabotas acostumbrados a la calle y patoteros, como todos esos chicos que viven en la calle, que sufren la marginacion, que tal vez no tienen padre o madre, o que les pegan. Me acuerdo de las ropas viejas y sucias y del cajoncito de lustrabotas y de las palabrotas. No tuvieron mucho que trabajar para robarnos la pelota y el barrilete. Recien estaba tomando altura cuando llegaron y le pegaron un tirón y lo rompieron y le saltaron encima por las dudas que el pobre barrilete quisiera volar cuando ellos se fueran. A los metros lo dejaron tirado y corrieron con la pelota. Yo lloraba y los corríamos pero eran mas grandes y rapidos. Encima mi amigo era gordito. Con esa maldad inocente e inevitable de esos chicos de la calle, patearon la pelota bien alta, adentro de un galpon que habia por ahi y se escaparon. todavía me acuerdo del reto de mi papa por ser tan “boludo”. Ese día el barrilete no levanto vuelo pero yo crecí un poco mas y aprendí de la rabia de esos chicos que nacen en la pobreza y juntan rabia en sus corazones…

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